El amor es el cumplimiento de la Ley

Lección 13, 1er Trimestre, del 22 al 28 de marzo de 2025.

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Sábado por la Tarde, 22 Marzo

Texto de memoria:

“No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley.” Romanos 13:18 RVR 1960


“Vosotros que sois espirituales, restaurad al tal con el espíritu de mansedumbre.” Gálatas 6:1. Por la fe y la oración, haced retroceder el poder del enemigo. Hablad palabras de fe y valor que serán como bálsamo sanador para el golpeado y herido. Muchos son los que han desmayado y están desanimados en la gran lucha de la vida, cuando una palabra de bondadoso estímulo los hubiera fortalecido para vencer. Nunca debemos pasar junto a un alma que sufre sin tratar de impartirle el consuelo con el cual somos nosotros consolados por Dios. DTG 466.1

“Todo esto no es sino el cumplimiento del principio de la ley—el principio ilustrado en la historia del buen samaritano y manifestado en la vida de Jesús. Su carácter revela el verdadero significado de la ley, y muestra qué es amar al prójimo como a nosotros mismos. Y cuando los hijos de Dios manifiestan misericordia, bondad y amor hacia todos los hombres, también atestiguan el carácter de los estatutos del cielo. Dan testimonio de que "la ley de Jehová es perfecta, que vuelve el alma."10 Y cualquiera que deja de manifestar este amor viola la ley que profesa reverenciar. Por el sentimiento que manifestamos hacia nuestros hermanos, declaramos cuál es nuestro sentimiento hacia Dios. El amor de Dios en el corazón es la única fuente de amor al prójimo. "Si alguno dice, Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Porque el que no ama a su hermano al cual ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?" Amados, "si nos amamos unos a otros, Dios está en nosotros, y su amor es perfecto en nosotros.” DTG 466.2

Domingo, 23 Marzo

La ley del amor


Lee Éxodo 20: 1 al 17. ¿Cómo revelan estos versículos los dos principios, el del amor a Dios y el del amor a los demás?

“En los preceptos de su santa ley, Dios ha dado una perfecta norma de vida; y ha declarado que hasta el fin del tiempo esa ley, sin sufrir cambio en una sola jota o tilde, mantendrá sus demandas sobre los seres humanos. Cristo vino para magnificar la ley y hacerla honorable. Mostró que está basada sobre el anchuroso fundamento del amor a Dios y a los hombres, y que la obediencia a sus preceptos comprende todos los deberes del hombre. En su propia vida, Cristo dió un ejemplo de obediencia a la ley de Dios. En el sermón del monte mostró cómo sus requerimientos se extienden más allá de sus acciones externas y abarca los pensamientos e intentos del corazón.” HAp 402.3

“La ley, obedecida, guía a los hombres a renunciar "a la impiedad y a los deseos mundanos" y a vivir "en este siglo templada, y justa, y píamente." Tito 2:12. Pero el enemigo de toda justicia ha cautivado al mundo y ha arrastrado a la humanidad a desobedecerla. Como Pablo lo anticipó, multitudes han abandonado las claras y penetrantes verdades de la Palabra de Dios, y se han elegido maestros que les presentan las fábulas que ellos desean. Entre nuestros ministros y creyentes hay muchos que están hollando bajo sus pies los mandamientos de Dios. Así es insultado el Creador del mundo, y Satanás se ríe triunfalmente al ver el éxito que obtienen sus estratagemas.” HAp 402.4

“Con el desprecio creciente hacia la ley de Dios, existe una marcada aversión a la religión, un aumento de orgullo, amor a los placeres, desobediencia a los padres e indulgencia propia; y dondequiera se preguntan ansiosamente los pensadores: ¿Qué puede hacerse para corregir esos males alarmantes? La respuesta la hallamos en la exhortación de Pablo a Timoteo: "Predica la Palabra." En la Biblia encontramos los únicos principios seguros de acción. Es la transcripción de la voluntad de Dios, la expresión de la sabiduría divina. Abre a la comprensión de los hombres los grandes problemas de la vida; y para todo el que tiene en cuenta sus preceptos, resultará un guía infalible que le guardará de consumir su vida en esfuerzos mal dirigidos.” Hap 403.1

Lunes, 24 Marzo

La ley es santa, justa y buena


Lee Romanos 6: 1 al 3 y luego Romanos 7: 7 al 12, con especial atención al versículo 12. ¿Qué nos dicen estos textos acerca de la Ley, incluso después de la muerte de Cristo?

Apocalipsis 22:14, 15 – “Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad. Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira”.

Aquí vemos que sólo los que hacen sus mandamientos tienen el derecho de entrar en la ciudad. Cuando la obra de salvación sea terminada y el pueblo congregado en el hogar, serán los que todavía guardarán los mandamientos de Dios, aún después que el pecado sea erradicado. El pecado sin embargo no puede ser erradicado mientras la ley es transgredida, porque la transgresión de ella es pecado (1ª Juan 3:3, 4). Los mandamientos de Dios, vemos, son eternos, y únicamente cuando los Cristianos comiencen a vivir la vida que la Palabra de Dios apoya, se encontrarán a sí mismos viviendo sobre la ley; sólo entonces serán libres de transgresión.

Finalmente, si los mandamientos de Dios son eternos, entonces deben haber existido siempre. El la creación, antes que viniera el pecado, es contenido en los mandamientos. Y, también, Adán no hubiera podido pecar si el mandamiento, “No tendrás otros dioses delante de mí”, no hubiera estado entonces en existencia.

Romanos 7:7 – “Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás”.

La declaración inspirada de san Pablo coloca los diez mandamientos, vemos, en el mismo alcance del Evangelio. Sin los mandamientos, él declara, los seguidores del Evangelio no conocerían lo que es pecado.

Romanos 7:8-10 – “Mas el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, produjo en mí toda codicia; porque sin la ley el pecado está muerto. Y yo sin la ley vivía en un tiempo; pero venido el mandamiento, el pecado revivió y yo morí. Y hallé que el mismo mandamiento que era para vida, a mí me resultó para muerte”.

Aquí vemos que la ley no salva sino condena; y que sin la ley no habría pecado. La ley no salvó a Adán y a Eva, sino que los juzgó indignos del Árbol de la Vida y de un hogar en el Edén. De hecho, los sentenció a muerte. La ley es sólo un maestro de justicia. Eso es todo. No es un salvador.

Romanos 7:12-14 – “De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno. ¿Luego lo que es bueno, vino a ser muerte para mí? En ninguna manera; sino que el pecado, para mostrarse pecado, produjo en mí la muerte por medio de lo que es bueno, a fin de que por el mandamiento el pecado llegase a ser sobremanera pecaminoso. Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado”.

La gente que obedece una ley del estado piensa que es un excelente estatuto de libertad, pero los que se deleitan en pecar, para ellos la ley es anatema. Cualquier asesino que por ley ha sido sentenciado a muerte, naturalmente no se deleita en la ley que lo sentenció, ni en la gente que ejecutó su sentencia. Si el tal tuviera su propia manera, aboliría la ley. Todos los criminales se desharían de la ley de Dios, también, porque la ley es espiritual, y ellos son carnales vendidos bajo pecado.

¿Qué pasaría si no hubiese ley en el Reino de Dios, ninguna ley contra el asesinato, y robo o contra envidia y celos? ¿Quién podría estar en el Reino aún por sólo un momento? Si tal fuera el caso, entonces, por supuesto, estaríamos mejor en los reinos del mundo.

El decálogo, además, no es solo un código moral, sino también físico, porque pecar contra la ley involucra los descendientes del pecador, también. Este visita “la maldad de los padres sobre los hijos, hasta la tercera y cuarta generación”. Exodo 20:5.

Entonces, también, todo descendente de Adán es naturalmente nacido en pecado, es dado a pecar:

Romanos 7:15 – “Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago”.

Siendo tal la suerte del hombre, el hombre carnal aborrece la ley de Dios, y más así porque esta se opone a su voluntad.

Romanos 7:16 – “Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena”.

Si uno se abstiene de robar, consciente que la ley es buena y efectiva, aunque por naturaleza le pueda gustar la idea de robar.

Martes, 25 Marzo

La ley y la gracia


Lee Jeremías 31: 31 al 34. ¿Qué nos enseña este texto acerca de la promesa divina de darnos un corazón nuevo? Compara esto con lo dicho por Cristo a Nicodemo en Juan 3: 1 al 21 acerca del nuevo nacimiento. Ver también Hebreos 8: 10.

Aquí está una promesa de un nuevo contrato, un nuevo pacto. No es la clase que Dios hizo con nuestros predecesores en el Día que salieron de Egipto, el día que él escribió los mandamientos en tablas de piedra y guardarlos así. En lugar él hace un nuevo pacto, un pacto para escribirlas en nuestro mismo corazón. Entonces cada uno de nosotros consecuentemente le conocerá sin tener que ser enseñado.

Tome nota, entonces, él no hará una nueva ley, sino un pacto nuevo, un contrato nuevo para guardar la ley. La diferencia es que en vez de escribir la ley en las tablas de piedra, él las escribirá en las tablas de carne del corazón, la silla que la ley del pecado ocupa ahora.

Este pacto, vemos, será hecho con ambas la casa de Israel y la casa de Judá, – con todo el pueblo de Dios.

La Escritura, recordemos, no dice que nosotros no podemos guardar la ley mientras está escrita en las tablas de piedra, sino que definitivamente dice que nosotros podemos, porque los que quebrantaron la ley son reprobados de hacerlo. Nosotros podemos, por lo tanto, aun ahora inconvenientemente guardar los mandamientos aunque todavía están escritos en piedras. Por causa de conveniencia la mayoría de los Cristianos desean que la ley fuera abolida, y algunos se hacen creer que ha sido abolida, aunque la única ley que ha sido abolida es la ceremonial, la ley de los sacrificios, la sombra del Cordero de Dios.

¿Qué diferencia habrá si la ley es escrita en piedra o en nuestros corazones? – La experiencia de Nabucodonosor, rey de Babilonia revela la respuesta.

Si el rey haya sido forzado a vivir con las bestias, en un establo o en el campo, él habría cometido suicidio si fuera posible. Pero tan pronto como Dios quitó su corazón de hombre, y puso en él corazón de un buey, el rey estaba perfectamente contento de estar con el ganado, y totalmente descontento de vivir en su palacio.

Si lo mismo fuera hecho a alguno de nosotros, nuestros deseos serían los mismos que los del rey. De igual manera, cuando el corazón de piedra sea quitado de nosotros, y el corazón de carne con la Ley de Dios escrita sobre nosotros, puesta en nosotros, encontraremos entonces totalmente inconveniente pecar, y mas deleitable guardar los mandamientos de Dios. Y así no necesita temer el tener que luchar para guardar la ley de Dios en el Reino, como lo hace aquí. Usted estará entonces perfectamente feliz de vivir una vida sin pecado. De hecho usted no querrá pecar mas de lo que ahora quiere morir.

¡Verdaderamente maravilloso! Pero ¿cuándo esperamos que tome lugar este milagro? Para encontrar la respuesta a esta pregunta, necesitamos conectar la profecía de Jeremías con la profecía de Ezequiel del mismo evento:

Jeremías 31:8 – “He aquí yo los hago volver de la tierra del norte, y los reuniré de los fines de la tierra, y entre ellos ciegos y cojos, la mujer que está encinta y la que dio a luz juntamente; en gran compañía volverán acá”.

Ezequiel 36:24-28 – “Y yo os tomaré de las naciones, y os recogeré de todas las tierras, y os traeré a vuestro país. Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra. Habitaréis en la tierra que di a vuestros padres, y vosotros me seréis por pueblo, y yo seré a vosotros por Dios”.

Los registros de ambos profetas claramente muestran el tiempo en que este milagro será hecho en el corazón de todo el pueblo de Dios. Ambos profetas lo hacen tan claro como puede ser hecho, que este cambio de corazón toma lugar en la Tierra Santa, Palestina, al comienzo del Reino que Dios prometió establecer “en los días de estos reyes” (Daniel 2:44), no después de sus días. Él además dice que nos tomará de entre los gentiles y nos reunirá de todos los países, y nos llevará a nuestra propia tierra (Ezequiel 36:24), la tierra en la que habitaron nuestros padres (Ezequiel 36:28). “Entonces”, en ese tiempo, dice la Inspiración, no antes, esparcirá agua limpia sobre nosotros, nos limpiará de todas nuestras inmundicias, y de todos nuestros ídolos. También, un nuevo corazón pondrá entonces dentro de nosotros (Ezequiel 36:26). Él nos dará su Espíritu y hará que andemos en sus estatutos, y guardemos sus derechos (Ezequiel 36:27). Lea estas escrituras por sí mismo y vea si dicen todo lo que yo estoy tratando de decirle que dicen.

Miércoles, 26 Marzo

El amor es el cumplimiento de la ley


Lee Mateo 23: 23 y 24. ¿Qué es «lo más importante de la Ley»? Lee Deuteronomio 5: 12 al 15 e Isaías 58: 13 y 14. ¿Cómo demuestran estos pasajes la relación entre la Ley (especialmente el mandamiento del sábado) y la preocupación de Dios por la justicia y la liberación?

“Todo lo que Dios ordena tiene importancia. Cristo reconoció que el pago del diezmo es un deber; pero demostró que no podía disculpar la negligencia de otros deberes. Los fariseos eran muy exactos en diezmar las hierbas del jardín como la menta, el anís y el comino; esto les costaba poco, y les daba reputación de meticulosos y santos. Al mismo tiempo, sus restricciones inútiles oprimían a la gente y destruían el respeto por el sistema sagrado ideado por Dios mismo. Ocupaban la mente de los hombres con distinciones triviales y apartaban su atención de las verdades esenciales. Los asuntos más graves de la ley: la justicia, la misericordia y la verdad, eran descuidados. "Esto—dijo Cristo,—era menester hacer, y no dejar lo otro.” DTG 569.1

“El séptimo día es el día elegido por Dios. Él no ha dejado que este asunto sea remodelado por sacerdote o gobernante. Es de demasiada importancia para dejarlo al juicio humano. Dios vio que los hombres estudiarían su propia conveniencia, y elegirían un día más adecuado a sus inclinaciones, un día que no tiene autoridad divina; y ha declarado claramente que el séptimo día es el sábado del Señor.” ST 31 de marzo de 1898, par. 6

"Todo hombre en el mundo de Dios está bajo las leyes de su gobierno. Dios ha colocado el sábado en el seno del Decálogo, y ha hecho de él el criterio de obediencia. Por medio de él podemos conocer su poder, tal como se manifiesta en sus obras y en su Palabra. Pero hoy el mundo sigue el ejemplo de los que vivieron antes del diluvio. Ahora, como entonces, los hombres eligen seguir sus propias inclinaciones, en vez de obedecer los mandamientos de Dios. Los habitantes del mundo antediluviano se glorificaban a sí mismos en vez de conmemorar las gloriosas obras de la creación. No obedecieron la ley de Dios; no honraron el sábado. Si lo hubieran hecho, habrían reconocido su deber para con su Creador. Este era el objeto original y supremo del mandamiento: 'Acuérdate del día de reposo para santificarlo'".” ST 31 de marzo de 1898, par. 7

“"El Hijo del hombre es Señor aun del sábado." Estas palabras rebosan instrucción y consuelo. Por haber sido hecho el sábado para el hombre, es el día del Señor. Pertenece a Cristo. Porque "todas las cosas por él fueron hechas; y sin él nada de lo que es hecho, fué hecho."22 Y como lo hizo todo, creó también el sábado. Por él fué apartado como un monumento recordativo de la obra de la creación. Nos presenta a Cristo como Santificador tanto como Creador. Declara que el que creó todas las cosas en el cielo y en la tierra, y mediante quien todas las cosas existen, es cabeza de la iglesia, y que por su poder somos reconciliados con Dios. Porque, hablando de Israel, dijo: "Díles también mis sábados, que fuesen por señal entre mí y ellos, para que supiesen que yo soy Jehová que los santifico,"23 es decir, que los hace santos. Entonces el sábado es una señal del poder de Cristo para santificarnos. Es dado a todos aquellos a quienes Cristo hace santos. Como señal de su poder santificador, el sábado es dado a todos los que por medio de Cristo llegan a formar parte del Israel de Dios.” DTG 255.1

“Y el Señor dice: "Si retrajeres del sábado tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y al sábado llamares delicias, santo, glorioso de Jehová; ... entonces te deleitarás en Jehová."24 A todos los que reciban el sábado como señal del poder creador y redentor de Cristo, les resultará una delicia. Viendo a Cristo en él, se deleitan en él. El sábado les indica las obras de la creación como evidencia de su gran poder redentor. Al par que recuerda la perdida paz del Edén, habla de la paz restaurada por el Salvador. Y todo lo que encierra la naturaleza, repite su invitación: "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, que yo os haré descansar."” DTG 255.2



“La obra de reforma tocante al sábado como día santificado de descanso, que debía cumplirse en los últimos días está predicha en la profecía de Isaías 56: "Así dijo Jehová: Guardad derecho y haced justicia: porque cercana está mi salud para venir, y mi justicia para manifestarse. Bienaventurado el hombre que esto hiciere, y el hijo del hombre que esto abrazare: que guarda el sábado de profanarlo, y que guarda su mano de hacer todo mal". "A los hijos de los extranjeros que se llegaren a Jehová para ministrarle, y que amaren el nombre de Jehová para ser sus siervos: todos los que guardaren el sábado de profanarlo, y abrazaren mi pacto, yo los llevaré al monte de mi santidad, y los recrearé en mi casa de oración". Isaías 56:1, 2, 6, 7.” CS 445.1

Jueves, 27 Marzo

Sobre todo, ámense mutuamente


Lee Santiago 2: 1 al 9. ¿Qué mensajes cruciales se nos están dando aquí?

“Aunque Cristo era rico en las cortes celestiales, se hizo pobre para que mediante su pobreza nosotros pudiéramos ser hechos ricos. Jesús honró a los pobres compartiendo su condición humilde. De la historia de su vida debemos aprender la forma de tratar a los pobres. Algunos llevan a extremos el deber de la beneficencia, y en realidad perjudican a los pobres al hacer demasiado por ellos. Los pobres no siempre se esfuerzan como debieran hacerlo. Si bien es cierto que no se los debe descuidar y hacerlos sufrir, es necesario enseñarles a ayudarse a sí mismos.4TPI 542.3

No se debe descuidar la causa de Dios prestando a los pobres toda la atención. Cristo cierta vez dio a sus discípulos una lección muy importante acerca de este punto. Cuando María derramó el ungüento sobre la cabeza de Jesús, el codicioso Judas hizo un ruego en favor de los pobres y se quejó por lo que consideró un desperdicio de dinero. Pero Jesús vindicó el acto diciendo: "Dejadla, ¿por qué la molestáis? Buena obra me ha hecho". "De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, para memoria de ella". Marcos 14:6, 9. Con esto se nos enseña que Cristo debía ser honrado por medio de la consagración de lo mejor de nuestros bienes. Si dirigiéramos toda nuestra atención a aliviar las necesidades de los pobres, la causa de Dios sería descuidada. Ninguna de las dos debería verse afectada si sus mayordomos cumplen su deber, pero la causa de Cristo debe venir primero.4TPI 542.4

Los pobres debieran tratarse con tanto interés y atención como los ricos. La práctica de honrar a los ricos y despreciar y descuidar a los pobres es un delito a la vista de Dios. Los que están rodeados por todas las comodidades de la vida, o que reciben atenciones especiales del mundo porque son ricos, no experimentan la necesidad de compasión y de tierna consideración como las personas cuyas vidas han sido una larga lucha con la pobreza. Estos últimos tienen muy poco en esta vida que los haga felices o alegres, debido a lo cual apreciarían las manifestaciones de afecto y amor. Los médicos y sus colaboradores en ningún caso debieran descuidar a esta clase, porque al hacerlo pueden descuidar a Cristo en la persona de sus santos.” 4TPI 543.1

“No era el propósito de Dios que la pobreza desapareciera del mundo. Las clases de la sociedad nunca debían ser igualadas; porque la diversidad de condiciones que caracteriza a la humanidad es uno de los medios por los que Dios ha determinado probar y desarrollar el carácter. Muchos han urgido con gran entusiasmo que todos los seres humanos debieran tener una parte igual en las bendiciones temporales de Dios; pero éste no era el propósito del Creador. Cristo ha dicho que siempre debemos tener a los pobres con nosotros. Los pobres, tanto como los ricos, han sido adquiridos con su sangre; y entre sus seguidores profesos, en la mayor parte de los casos, los pobres le sirven con determinación, mientras que los ricos están constantemente depositando sus afectos sobre los tesoros terrenales y olvidan a Cristo. Las preocupaciones de esta vida y la codicia por las riquezas eclipsan la gloria de un mundo eterno. Si todos tuvieran la misma cantidad de posesiones mundanas, eso sería la peor desgracia que hubiera caído sobre la humanidad.” 4TPI 543.3

“Si tienes el espíritu de Cristo, amarás como hermanos; honrarás al humilde discípulo en su pobre hogar, porque Dios lo ama tanto como a ti, y puede ser más. No reconoce castas. Pone su propio sello en los hombres, no por su rango, no por su riqueza, no por su grandeza intelectual, sino por su unidad con Cristo. Es la pureza de corazón, la unicidad de propósito, lo que constituye el verdadero valor de los seres humanos. La atención que se muestra a los ricos, y el descuido de los pobres, serán recordados por el Señor, y él os colocará donde pasaréis por experiencias similares a las de los afligidos que sufrieron mientras vosotros pasabais al otro lado. RH 6 de octubre de 1891, par. 7

"Todos los que viven en comunión diaria con Cristo, pondrán su estimación sobre los hombres. Reverenciarán a los buenos y puros, aunque éstos sean pobres en los bienes de este mundo." RH 6 de octubre de 1891, par. 8

Viernes, 28 Marzo

Estudio adicional – Resumen de la lección semanal

La lección comienza expresando que Dios es amor, y la ley es un trasunto de Su carácter. "Cuando los hijos de Dios manifiestan misericordia, bondad y amor hacia todos los hombres, están... dando testimonio de que "la ley del Señor es perfecta... Quien no manifieste este amor está quebrantando la ley que profesa venerar".

La lección del domingo trata de los diez mandamientos y de cómo se desglosan en los dos grandes mandamientos, el amor a Dios y el amor al hombre. Hay un creciente desprecio por la ley de Dios, un creciente disgusto por la religión, un aumento del orgullo, del amor al placer, de la desobediencia a los padres y de la autoindulgencia. En todas partes hay ansiedad por saber qué se puede hacer para corregir estos males alarmantes. Si la ley fuera obedecida, llevaría a los hombres a negar "la impiedad y los deseos mundanos", y a "vivir sobria, justa y piadosamente en este mundo presente". Tito 2:12

La lección del lunes habla de los dos mayores pecados, la idolatría, que es una falta de respeto al primer gran mandamiento, el amor a Dios, y el maltrato a los pobres y necesitados, que es una falta de respeto al segundo gran mandamiento, el amor al prójimo.

La Ley, su justicia y su santidad es el tema de la lección del martes. La Ley es buena porque identifica el pecado y despierta en nosotros la necesidad de buscar el arrepentimiento de nuestro Salvador y Redentor, Cristo Jesús. Es una norma de justicia cuando es fielmente guardada por aquellos que son beneficiarios del amor salvador de Dios.

La lección del miércoles trata del sábado. Revela que el amor es el cumplimiento de la ley. En efecto, el sábado nos es dado como día de descanso y deleite. Muestra que el Señor del sábado es también un Dios de juicio y justicia.

La lección del jueves nos recuerda la necesidad de amarnos los unos a los otros sin acepción de personas, ricos o pobres.