
“completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa.” RVR1960 — Filipenses 2:2
“Avanzad juntos, es el mandato que oigo del Capitán de nuestra salvación. Avanzad juntos. Cuando hay unidad, hay fuerza. Todos los que están del lado del Señor avanzarán juntos. Hay necesidad de perfecta unidad y amor entre los creyentes en la verdad, y todo lo que conduzca a la disensión es del diablo. El Señor se propone que su pueblo sea uno con él, como las ramas son una con la vid. Entonces serán uno el uno con el otro.—Carta 6, 1899.” 3MS 402.3
“Pero no hay unión entre el Príncipe de luz y el príncipe de las tinieblas, ni puede haberla entre los adherentes del uno y los del otro. Cuando los cristianos consintieron en unirse con los paganos que solo se habían convertido a medias, entraron por una senda que les apartó más y más de la verdad. Satanás se alegró mucho de haber logrado engañar a tan crecido número de discípulos de Cristo; luego ejerció aun más su poder sobre ellos y los indujo a perseguir a los que permanecían fieles a Dios. Los que habían sido una vez defensores de la fe cristiana eran los que mejor sabían cómo combatirla, y estos cristianos apóstatas, junto con sus compañeros semipaganos, dirigieron sus ataques contra los puntos más esenciales de las doctrinas de Cristo.” CS 42.1
“Tras largo y tenaz conflicto, los pocos que permanecían fieles resolvieron romper toda unión con la iglesia apóstata si esta rehusaba aún desechar la falsedad y la idolatría. Y es que vieron que dicho rompimiento era de todo punto necesario si querían obedecer la Palabra de Dios. No se atrevían a tolerar errores fatales para sus propias almas y dar así un ejemplo que ponía en peligro la fe de sus hijos y la de los hijos de sus hijos. Para asegurar la paz y la unidad estaban dispuestos a cualquier concesión que no contrariase su fidelidad a Dios, pero les parecía que sacrificar un principio por amor a la paz era pagar un precio demasiado alto. Si no se podía asegurar la unidad sin comprometer la verdad y la justicia, más valía que siguiesen las diferencias y aun la guerra.” CS 42.3
Lee Filipenses 2: 1-3. ¿Qué factores parecen haber provocado la desunión en la iglesia? ¿Qué solución sugiere Pablo?
“Dios quiere que su pueblo sea disciplinado y que obre con armonía, a fin de que lo vea todo unánimemente y tenga un mismo sentir y criterio. Para producir este estado de cosas, hay mucho que hacer. El corazón carnal debe ser subyugado y transformado. Dios quiere que haya siempre un testimonio vivo en la iglesia. Será necesario reprender y exhortar, y a algunos habrá que hacerles severos reproches, según lo exija el caso. Oímos el argumento: “¡Oh, yo soy tan sensible que no puedo soportar el menor reproche!” Si estas personas presentaran su caso correctamente, dirían: “Soy tan voluntarioso, tan pagado de mí mismo, tan orgulloso que no tolero que se me den órdenes; no quiero que se me reprenda. Abogo por los derechos del juicio individual; tengo derecho a creer y hablar según me plazca”. El Señor no desea que renunciemos a nuestra individualidad. Pero, ¿qué hombre es juez adecuado para saber hasta dónde debe llevarse este asunto de la independencia individual?” 3TPI 397.2
“Pedro recomienda a sus hermanos: “Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes”. 1 Pedro 5:5. También el apóstol Pablo exhorta a sus hermanos filipenses a tener unidad y humildad: “Por tanto, si hay alguna consolación en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable, si alguna misericordia, completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa. Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús”. Filipenses 2:1-5. Y Pablo vuelve a exhortar así a sus hermanos: “El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno. Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros”. Romanos 12:9, 10. “Someteos unos a otros en el temor de Dios”. Efesios 5:21.” 3TPI 398.1
Lee Filipenses 2: 3, 4. ¿Qué medidas prácticas recomienda Pablo para lograr la unidad en la iglesia?
“Si el mundo ve que existe perfecta armonía en la iglesia de Dios, será para este una poderosa evidencia en favor de la religión cristiana. Las disensiones, algunas desdichadas divergencias y los enfrentamientos por insignificancias en la iglesia, deshonran a nuestro Redentor. Todas estas cosas pueden ser evitadas si el yo se entrega a Dios y los que siguen a Jesús obedecen la voz de la iglesia. La incredulidad sugiere que la independencia individual aumenta nuestra importancia, que es señal de debilidad renunciar a nuestras ideas de lo que es correcto y propio, para acatar el veredicto de la iglesia; pero es peligroso seguir tales sentimientos y opiniones, y nos llevará a la anarquía y confusión. Cristo vio que la unidad y la comunión cristianas eran necesarias para la causa de Dios y, por lo tanto, las ordenó a sus discípulos. Y la historia del cristianismo desde aquel tiempo hasta ahora demuestra en forma concluyente que tan sólo en la unión hay fuerza. Sométase el juicio individual a la autoridad de la iglesia.” 4TPI 23.1
“Los apóstoles sentían la necesidad de la unidad estricta y trabajaban con fervor para alcanzarla. Pablo exhortó a sus hermanos con estas palabras: “Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros disensiones, antes seáis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer”. 1 Corintios 1:10.” 4TPI 23.2
“También escribió a sus hermanos filipenses: “Por tanto, si hay alguna consolación en Cristo; si algún refrigerio de amor; si alguna comunión del Espíritu; si algunas entrañas y misericordias, cumplid mi gozo; que sintáis lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa. Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien en humildad, estimándoos inferiores los unos a los otros: no mirando cada uno a lo suyo propio, sino cada cual también a lo de los otros. Haya pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús”. Filipenses 2:1-5.” 4TPI 23.3
“A los romanos escribió: “Mas el Dios de la paciencia y de la consolación os dé que entre vosotros seáis unánimes según Cristo Jesús; para que concordes, a una voz glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. Por tanto, sobrellevaos los unos a los otros, como también Cristo nos sobrellevó, para gloria de Dios”. “Unánimes entre vosotros: no altivos, mas acomodaos a los humildes. No seáis sabios en vuestra opinión”. Romanos 15:5-7; 12:16.” 4TPI 24.1
“Pedro escribió así a las iglesias dispersas: “Finalmente, sed todos de un mismo corazón, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables; no volviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino antes por el contrario, bendiciendo; sabiendo que vosotros sois llamados para que poseáis bendición en herencia”. 1 Pedro 3:8, 9.” 4TPI 24.2
“Y Pablo en su epístola a los corintios, dice: “Resta, hermanos, que tengáis gozo, seáis perfectos, tengáis consolación, sintáis una misma cosa, tengáis paz; y el Dios de paz y de caridad será con vosotros”. 2 Corintios 13:11.” 4TPI 24.3
Lee Filipenses 2: 5. ¿Qué significa tener la «mente» de Cristo?
“El salmista dice: “La exposición de tu palabra alumbra; hace entender a los simples”. Salmos 119:130. Cuando la verdad actúa sólo sobre la conciencia, crea mucha incomodidad; pero cuando se invita a la verdad a entrar en el corazón, todo el ser es llevado en cautividad a Jesucristo. Aun los pensamientos son capturados, pues la mente de Cristo trabaja donde la voluntad está sometida a la voluntad de Dios. “Haya, pues, en vosotros este sentir [manera de pensar, versión Dios habla hoy] que hubo también en Cristo Jesús”. Filipenses 2:5. La persona que ha sido liberada por el Señor es realmente libre, y no puede ser llevada a la esclavitud servil del pecado.—Manuscrito 67, 1894.” 1MCP89 331.3
“Todo judío honrado estaba convencido por su conciencia de que Jesucristo era el Hijo de Dios, pero el corazón en su orgullo y ambición no se entregaba. Se mantenía la oposición contra la luz de la verdad, a la cual ellos habían decidido negar y resistir. Cuando la verdad es tenida como verdad sólo por la conciencia, cuando el corazón no es estimulado y hecho receptivo, la verdad sólo turba la mente. Pero cuando se recibe la verdad como verdad en el corazón, ha pasado por la conciencia y ha cautivado el alma por medio de sus principios puros. Es puesta en el corazón por el Espíritu Santo, que da la forma de su belleza a la mente a fin de que su poder transformador pueda verse en el carácter.—Manuscrito 130, 1897.” 1MCP89 332.1
“Dios le permite a cada ser humano que manifieste su individualidad. No quiere que nadie sumerja su mente en la de otro mortal. Los que quieren ser transformados en mente y carácter, no deben mirar a los hombres, sino al Ejemplo divino. Dios envía esta invitación: “Haya, pues, en vosotros este sentir [mentalidad] que hubo también en Cristo Jesús”. Filipenses 2:5. Mediante la conversión y la transformación la humanidad recibe la mentalidad de Cristo. Cada cual debe comparecer delante de Dios con una fe individual, con una experiencia personal, sabiendo por sí mismo que Cristo, la esperanza de gloria, se ha formado en su interior. Si nosotros imitáramos el ejemplo de cualquier hombre, incluso de alguien a quien consideráramos casi perfecto en carácter, sería como si pusiéramos nuestra confianza en un ser humano defectuoso, incapaz de impartir una jota o un tilde de perfección.—The Signs of the Times, 3 de septiembre de 1902.” 2MCP 74.1
Lee Filipenses 2: 5-8, el texto más poderoso y hermoso de las Escrituras según algunos. ¿Qué dice Pablo aquí? ¿Qué implican estas palabras? ¿Cómo podemos aplicar a nuestra vida el principio que se expresa aquí?
“Debemos de conservar delante de la mente al Salvador que perdona el pecado; pero tenemos que presentarlo en su verdadera posición: como el que vino a morir para magnificar la ley de Dios y hacerla honorable, y sin embargo, para justificar al pecador que dependa totalmente de los méritos de la sangre de un Salvador crucificado y resucitado. Esto no se ha hecho claro.” 3MS 208.2
“Tenemos el privilegio de ver a Jesús tal como él es, de conocerlo como a un Ser lleno de compasión, amabilidad y divina cortesía. Es bondadoso y misericordioso, y perdonará nuestros pecados. De él está escrito: “Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo. Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados”.” TM 225.2
“Mediante la contemplación del incomparable amor de Dios nos apropiamos de su naturaleza. Cristo representó ante los hombres y los ángeles el carácter del Dios del cielo. Demostró que cuando la humanidad depende enteramente de Dios, los hombres pueden guardar sus mandamientos y vivir, y su ley será como la niña de sus ojos.” TM 226.2
“La humillación del hombre Cristo Jesús es incomprensible para la mente humana, pero su divinidad y su existencia antes de que el mundo fuera formado nunca pueden ser puestas en duda por los que creen en la Palabra de Dios. El apóstol Pablo habla de nuestro Mediador, el unigénito Hijo de Dios, el cual en un estado de gloria era en la forma de Dios, el Comandante de todas las huestes celestiales, y quien, cuando revistió su divinidad con humanidad, tomó sobre sí la forma de siervo. Isaías declara: “Un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre”. Isaías 9:6, 7.” 1MS 285.2
“Al consentir en convertirse en hombre, Cristo manifestó una humildad que es la maravilla de las inteligencias celestiales. El acto de consentir en ser hombre no habría sido una humillación si no hubiera sido por la excelsa preexistencia de Cristo. Debemos abrir nuestro entendimiento para comprender que Cristo puso a un lado su manto real, su corona regia y su elevado mando, y revistió su divinidad con humanidad para que pudiera encontrarse con el hombre donde éste estaba y para proporcionar a los miembros de la familia humana poder moral, a fin de que llegaran a ser los hijos e hijas de Dios. Para redimir al hombre, Cristo se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.” 1MS 285.3
Lee Romanos 8: 3; Hebreos 2: 14-18; y Hebreos 4: 15. ¿Qué caracterizó la condescendencia de Jesús y su adopción de la naturaleza humana?
“La humanidad del Hijo de Dios es todo para nosotros. Es la cadena áurea que une nuestra alma con Cristo, y mediante Cristo, con Dios. Esto ha de ser nuestro estudio. Cristo fue un verdadero hombre. Dio prueba de su humildad al convertirse en hombre. Sin embargo, era Dios en la carne. Cuando tratemos este tema, haríamos bien en prestar atención a las palabras pronunciadas por Cristo a Moisés en la zarza ardiente: “Quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es”. Éxodo 3:5. Debiéramos emprender este estudio con la humildad del que aprende con corazón contrito. Y el estudio de la encarnación de Cristo es un campo fructífero que recompensará al escudriñador que cava profundamente en procura de la verdad oculta.” 1MS 286.1
“El Redentor del mundo pasó por el lugar donde Adán cayó debido a su desobediencia a la ley de Jehová. El Hijo unigénito de Dios vino a nuestro mundo como hombre, para revelar al mundo el hecho de que los hombres, mediante el poder divino, podían cumplir la ley de Dios. Satanás, el ángel caído, había declarado que ningún hombre podía cumplir la ley de Dios, y señaló la desobediencia de Adán como prueba de que su declaración era cierta. Pero el Hijo de Dios se puso en el lugar del hombre, pasó por el lugar donde Adán cayó y soportó una tentación más fuerte que cualquier otra que haya existido o que pueda existir jamás para la raza humana. Jesús resistió las tentaciones de Satanás de la misma manera en que toda alma tentada puede resistir al maligno. Remitió al tentador al registro inspirado y dijo: «Está escrito». Cristo venció las tentaciones como hombre, confiando únicamente en la palabra de Dios; y todo hombre puede vencer como Cristo venció.” ST April 10, 1893, par. 2
“No debemos considerar la obediencia de Cristo como algo para lo que él estaba especialmente preparado debido a su naturaleza divina, ya que él se presentó ante Dios como representante del hombre y fue tentado como sustituto y garante del hombre. Si Cristo hubiera tenido un poder especial que no es privilegio del hombre, Satanás habría sacado provecho de ello. Pero la obra de Cristo consistía en quitarle a Satanás su control sobre el hombre, y solo podía hacerlo de una manera directa. Vino como hombre, para ser tentado como hombre, mostrando la obediencia de un hombre. Cristo mostró obediencia a Dios y venció como la humanidad vence. Nos vemos llevados a sacar conclusiones erróneas debido a una visión errónea de la naturaleza de nuestro Señor. Atribuir a su naturaleza un poder que no es posible que el hombre tenga en sus conflictos con Satanás es destruir la integridad de su humanidad. La obediencia de Cristo a su Padre era la misma obediencia que se exige al hombre. El hombre no puede vencer las tentaciones de Satanás excepto cuando el poder divino obra a través de la humanidad. El Señor Jesús vino a nuestro mundo, no para revelar lo que Dios en su propia persona divina podía hacer, sino lo que podía hacer a través de la humanidad. Por medio de la fe, el hombre debe participar de la naturaleza divina y vencer todas las tentaciones que le acosan. Fue la Majestad del cielo quien se hizo hombre, quien se humilló a nuestra naturaleza humana; fue él quien fue tentado en el desierto y quien soportó la contradicción de los pecadores contra sí mismo.” ST April 10, 1893, par. 3
“No debemos servir a Dios como si no fuéramos humanos, sino como aquellos que han sido redimidos por el Hijo de Dios y, a través de la justicia de Cristo, nos presentaremos ante Dios perdonados, como si nunca hubiéramos pecado. Nunca ganaremos fuerza al considerar lo que podríamos hacer si fuéramos ángeles; pero, como hijos obedientes, debemos volvernos con fe hacia Jesucristo y mostrar nuestro amor a Dios a través de la obediencia a sus mandamientos. Jesús «fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado». Jesús dice: «Sígueme». «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame». Jesús nos muestra el camino. No esperes y continúes en la desobediencia, esperando que las circunstancias cambien y te resulten más fáciles de obedecer. Avanza, porque conoces la voluntad de Dios. «Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido y me he sentado con mi Padre en su trono».” ST April 10, 1893, par. 4
“La humanidad de Cristo se denomina «esa cosa santa». El relato inspirado dice de Cristo: «Él no cometió pecado», «no conoció pecado» y «en él no había pecado». Era «santo, inocente, sin mancha, separado de los pecadores». Habitó entre los hombres. Este testimonio acerca de Cristo muestra claramente que condenó el pecado en la carne. Ningún hombre puede decir que está irremediablemente sujeto a la esclavitud del pecado y de Satanás. Cristo ha asumido las responsabilidades de la raza humana, y los pecados de todos los que creen le son imputados. Se ha comprometido a responder por ellos. Obedeció cada jota y cada tilde de la ley, para testificar ante los mundos no caídos, ante los santos ángeles, ante el mundo caído, que aquellos que creen en él, que lo aceptan como su ofrenda por el pecado, que confían en él como su Salvador personal, se beneficiarán de su justicia y serán partícipes de su naturaleza divina. Él testifica que, a través de su justicia imputada, el alma creyente obedecerá los mandamientos de Dios.” ST January 16, 1896, par. 7
“Juan señaló a Cristo diciendo: «¡He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!». El Hijo del Dios infinito no exime al hombre de su obligación de guardar todos los mandamientos de Dios. Pero con Cristo formado en su interior, el apóstol declara: «Vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad». Todas nuestras transgresiones son transferidas a Cristo. Mientras que aquel que no conoció pecado fue hecho pecado por nosotros, y el sin pecado es considerado pecador, la justicia de Cristo es puesta sobre los que no la merecen, de modo que el pecador arrepentido es declarado sin pecado ante Dios. Pero si un hombre se ciega a la luz, endurece su conciencia y no se reconoce a sí mismo como un pecador perdido y arruinado, y necesitado de un Salvador, su pecado permanecerá. No cree en el Hijo unigénito del Dios infinito. Al igual que Caín, se niega a ofrecer a Dios la sangre del Hijo de Dios. Se niega a reconocer que «Dios amó tanto al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna».” ST January 16, 1896, par. 8