Más bien, alábese en esto el que se alabe: en entenderme y conocerme que yo soy Dios, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra. Porque estas cosas me agradan, dice Dios. RVa — Jeremías 9:24
"Ningún hombre, sin la ayuda divina, puede alcanzar este conocimiento de Dios. El apóstol dice que "el mundo, mediante la sabiduría, no conoció a Dios". Cristo "estaba en el mundo, y el mundo por Él fue hecho, y el mundo no le conoció". Jesús declaró a sus discípulos: "Nadie conoce al Hijo, sino el Padre; ni nadie conoce al Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar." ST 12 de Abril de 1910, par. 2
"En la última oración por Sus seguidores, antes de entrar en las sombras de Getsemaní, el Salvador levantó los ojos al cielo, y compadecido de la ignorancia de los hombres caídos dijo: "Padre justo, el mundo no Te ha conocido, pero Yo Te he conocido". "He manifestado Tu nombre a los hombres que Me diste del mundo". ST 12 de Abril de 1910, par. 3
"Cristo vino a revelar a Dios al mundo como un Dios de amor, lleno de misericordia, ternura y compasión. Las densas tinieblas con que Satanás se había esforzado por cubrir el trono de la Deidad fueron barridas por el Redentor del mundo, y el Padre se manifestó de nuevo a los hombres como luz de vida. ST 12 de Abril de 1910, par. 4
"Cuando Felipe vino a Jesús con la petición: "Muéstranos al Padre, y nos basta", el Salvador respondió: "¿Tanto tiempo he estado con vosotros, y aún no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a Mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos al Padre?". Cristo se declara enviado al mundo como representante del Padre. En su nobleza de carácter, en su misericordia y tierna piedad, en su amor y bondad, se presenta ante nosotros como la encarnación de la perfección divina, la imagen del Dios invisible. ST 12 de Abril de 1910, par. 5
Lee Salmo 33:5, Isaías 61:8, Jeremías 9:24, Salmo 85:10 y Salmo 89:14. ¿Cómo arrojan luz estos textos sobre la preocupación de Dios por la justicia?
Mediante Jesús, la misericordia de Dios fue manifestada a los hombres; pero la misericordia no pone a un lado la justicia. La ley revela los atributos del carácter de Dios, y no podía cambiarse una jota o un tilde de ella para ponerla al nivel del hombre en su condición caída. Dios no cambió su ley, pero se sacrificó, en Cristo, por la redención del hombre. "Dios estaba en Cristo reconciliando el mundo a sí". 2 Corintios 5:19...
El amor de Dios ha sido expresado en su justicia no menos que en su misericordia. La justicia es el fundamento de su trono y el fruto de su amor. Había sido el propósito de Satanás divorciar la misericordia de la verdad y la justicia. Procuró demostrar que la justicia de la ley de Dios es enemiga de la paz. Pero Cristo demuestra que en el plan de Dios están indisolublemente unidas; la una no puede existir sin la otra. "La misericordia y la verdad se encontraron; la justicia y la paz se besaron". Salmos 85:10.
Por su vida y su muerte, Cristo demostró que la justicia de Dios no destruye su misericordia, que el pecado podía ser perdonado, y que la ley es justa y puede ser obedecida perfectamente. Las acusaciones de Satanás fueron refutadas.—El Deseado de Todas las Gentes, 710, 711.
La gracia de Cristo y la ley de Dios son inseparables. En Jesús la misericordia y la verdad se encontraron... Era el representante de Dios y el ejemplo de la humanidad. Presentó ante el mundo lo que la humanidad podría llegar a ser cuando se uniera por fe con la divinidad. El unigénito Hijo de Dios tomó sobre sí la naturaleza del hombre y estableció su cruz entre la tierra y el cielo. Mediante la cruz, el hombre fue atraído a Dios, y Dios al hombre. La justicia se inclinó desde su puesto elevado y sublime, y las huestes celestiales, los ejércitos de la santidad, se acercaron a la cruz, inclinándose con reverencia, pues en la cruz se satisfizo la justicia.—Mensajes Selectos 1:409, 410. MGD 74.2 - MGD 74.5
Lee Deuteronomio 32:4 y Salmo 92:15. ¿Qué enseñan estos pasajes sobre la fidelidad y la justicia de Dios?
Bienaventurado el pueblo que tiene esto; bienaventurado el pueblo cuyo Dios es Jehová. Salmos 144:15.
Agradeceré al Señor mi Dios por su gran bondad, misericordia y amor expresados a la familia humana. Estoy impresionada con la idea de que debemos cultivar la alegría; ¿y qué hace esto? Revela al mundo la paz y el consuelo que es nuestro privilegio pedir. No honra a nuestro Señor y Salvador que llevemos una sombra de pesar. Muchos lo hacen. AFC64 129.1 - AFC64 129.2
La ternura de Dios para su pueblo, su incesante cuidado, las riquezas de la sabiduría de los métodos que empleó para conducirlos hacia él, demandan nuestras ofrendas de gratitud, expresadas en la más ferviente dedicación para servirle con toda la humildad de la mente y contrición del alma. El Señor es bondadoso y quiere que su pueblo represente su bondad amante, reconociendo a Dios en felices acciones de gracias. Todos los que aprecien los favores de Dios serán un pueblo feliz.— AFC64 129.5
Lee el Salmo 9:7, 8 y el Salmo 145:9-17. ¿Qué enseñan estos versículos sobre Dios?
"A Dios debemos todo lo que tenemos y somos. En Él vivimos, nos movemos y existimos. Él no nos ha olvidado. En Su libro cada ser humano tiene una página, en la que está registrada toda su historia. Dios trabaja constante e incansablemente por nuestra felicidad. Los tesoros que ha puesto a nuestro alcance son innumerables. "El Señor es bueno con todos, y sus entrañables misericordias están por encima de todas sus obras. Tú abres Tu mano, y sacias el deseo de todo ser viviente". Él es el Padre de las misericordias y el Dios de todo consuelo. La tierra está llena de Su bondad. La creación proclama, con voz innumerable, la indulgencia, el amor y la compasión del Todopoderoso. ST 2 de Enero de 1901, par. 2
"A través de los siglos, Dios ha manifestado por el género humano un amor sin parangón. Amó tanto al hombre que le concedió un don que no se puede calcular. Para que se manifestara la abundancia de su gracia, envió a su Hijo unigénito a nuestro mundo, para que viviera como hombre entre los hombres, para que gastara su vida al servicio de la humanidad. Por nosotros, el Hijo del Dios infinito fue contado entre los transgresores. Cristo fue el canal a través del cual el Padre derramó en el mundo el rico torrente de su gracia. Dios no podía dar menos que la plenitud, ni le era posible dar más. 'En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó a nosotros y envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados'". ST 2 de Enero de 1901, par. 3
Lee Malaquías 3:6 y Santiago 1:17. ¿Qué enseñan estos pasajes sobre el carácter de Dios?
La obra de Dios es la misma en todos los tiempos, aunque hay distintos grados de desarrollo y diferentes manifestaciones de su poder para suplir las necesidades de los hombres en los diferentes siglos. Empezando con la primera promesa evangélica, y siguiendo a través de las edades patriarcal y judía, para llegar hasta nuestros propios días, ha habido un desarrollo gradual de los propósitos de Dios en el plan de la redención. El Salvador simbolizado en los ritos y ceremonias de la ley judía es el mismo que se revela en el evangelio. Las nubes que envolvían su divina forma se han esfumado; la bruma y las sombras se han desvanecido; y Jesús, el Redentor del mundo, aparece claramente visible. El que proclamó la ley desde el Sinaí, y entregó a Moisés los preceptos de la ley ritual, es el mismo que pronunció el sermón sobre el monte. Los grandes principios del amor a Dios, que él proclamó como fundamento de la ley y los profetas, son solo una reiteración de lo que él había dicho por medio de Moisés al pueblo hebreo: "Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Amarás a Jehová, tu Dios, de todo tu corazón, de toda tu alma y con todas tus fuerzas". Y "amarás a tu prójimo como a ti mismo". Deuteronomio 6:4, 5; Levítico 19:18. El Maestro es el mismo en las dos dispensaciones. Las demandas de Dios son las mismas. Los principios de su gobierno son los mismos. Porque todo procede de Aquel "en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación". Santiago 1:17. PP 343.1
Lee 2 Timoteo 2:13; Tito 1:2; y Hebreos 6:17, 18. ¿Qué enseñan estos textos sobre Dios?
"Dios condesciende a encontrarse con el hombre en su debilidad humana. El Señor nos ha prometido su palabra, para que no haya ocasión de cuestionar ni de dudar. La Escritura dice: "Dios, queriendo mostrar más abundantemente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, lo confirmó con juramento; para que por dos cosas inmutables, en las cuales era imposible que Dios mintiera, tuviéramos un fuerte consuelo, los que hemos huido en busca de refugio para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros; esperanza que tenemos como ancla del alma, segura y firme, y que penetra hasta lo que está dentro del velo." ST 23 de Diciembre de 1889, par. 1
"¡Cuán misericordioso y clemente es nuestro Dios al encontrarse así con los pensamientos de las mentes humanas! Ciertamente Dios no podría hacer más por su pueblo de lo que ha hecho. Estas preciosas promesas no son dadas a unos pocos talentosos, sino a todos, altos o bajos, libres o esclavos, ricos o pobres, que se han esforzado por cumplir con sus requerimientos." ST 23 de Diciembre de 1889, par. 2
Lee Éxodo 32:14 y compáralo con Jeremías 18:4-10. ¿Qué opinas de estas descripciones del "ceder" de Dios?
Dios en el cielo contempló todo aquello, y advirtió a Moisés de lo que estaba ocurriendo en el campamento, diciendo: "Ahora, pues, déjame que se encienda mi ira en ellos, y los consuma; y de ti yo haré una nación grande. Entonces Moisés oró en presencia de Jehová su Dios, y dijo: Oh Jehová, ¿por qué se encenderá tu furor contra tu pueblo, que tú sacaste de la tierra de Egipto con gran poder y con mano fuerte? ¿Por qué han de hablar los egipcios, diciendo: Para mal los sacó, para matarlos en los montes. y para raerlos de sobre la faz de la tierra? Vuélvete del ardor de tu ira, y arrepiéntete de este mal contra tu pueblo. Acuérdate de Abrahán, de Isaac y de Israel tus siervos, a los cuales has jurado por ti mismo, y les has dicho: Yo multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo; y daré a vuestra descendencia toda esta tierra de que he hablado, y la tomarán por heredad para siempre. Entonces Jehová se arrepintió del mal que dijo que había de hacer a su pueblo". TM 100.1
Lee Números 23:19 y 1 Samuel 15:29. ¿Qué enseñan estos textos con respecto a si Dios "se arrepiente" o no?
Embargado por el temor reverente que le inspiraban estas revelaciones, Balaam exclamó: "Porque contra Jacob no vale agüero, ni adivinación contra Israel". Números 23:23. Conforme al deseo de los moabitas, el gran mago había probado el poder de su encantamiento; pero precisamente con respecto a esta ocasión se iba a decir de los hijos de Israel: "¡Lo que ha hecho Dios!" Mientras estuvieran bajo la protección divina, ningún pueblo o nación, aunque sea auxiliado por todo el poder de Satanás, podría prevalecer contra ellos. El mundo entero iba a maravillarse de la obra asombrosa de Dios en favor de su pueblo, a saber, que un hombre empeñado en seguir una conducta pecaminosa fuera de tal manera dominado por el poder divino que se viera obligado a pronunciar, en vez de imprecaciones, las más ricas y las más preciosas promesas en el lenguaje sublime y fogoso de la poesía. Y el favor que en esa ocasión Dios concedió a Israel había de ser garantía de su cuidado protector hacia sus hijos obedientes y fieles en todas las edades. Cuando Satanás indujera a los impíos a que calumniaran, maltrataran y exterminaran al pueblo de Dios, este mismo suceso les sería recordado y fortalecería su ánimo y fe en Dios. PP 424.1
Lee Mateo 5:43-48. ¿Qué enseña esto sobre el asombroso amor de Dios? ¿Cómo debemos actuar con los demás a la luz de esta enseñanza de Jesús?
Señaló Jesús a sus oyentes al Gobernante del universo bajo un nuevo nombre: "Padre nuestro". Quería que entendieran con cuánta ternura el corazón de Dios anhelaba recibirlos. Enseñó que Dios se interesa por cada alma perdida; que "como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen".42 Ninguna otra religión que la de la Biblia presentó jamás al mundo tal concepto de Dios. El paganismo enseña a los hombres a mirar al Ser Supremo como objeto de temor antes que de amor, como una deidad maligna a la que es preciso aplacar con sacrificios, en vez de un Padre que vierte sobre sus hijos el don de su amor. Aun el pueblo de Israel había llegado a estar tan ciego a la enseñanza preciosa de los profetas con referencia a Dios, que esta revelación de su amor paternal parecía un tema original, un nuevo don al mundo. DMJ 64.4
Cuando nuestro carácter no conocía el amor y éramos "aborrecibles" y nos aborrecíamos "unos a otros", nuestro Padre celestial tuvo compasión de nosotros. "Cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros habíamos hecho, sino por su misericordia".43 Si recibimos su amor, nos hará igualmente tiernos y bondadosos, no sólo con quienes nos agradan, sino también con los más defectuosos, errantes y pecaminosos.
Los hijos de Dios son aquellos que participan de su naturaleza. No es la posición mundanal, ni el nacimiento, ni la nacionalidad, ni los privilegios religiosos, lo que prueba que somos miembros de la familia de Dios; es el amor, un amor que abarca a toda la humanidad. Aun los pecadores cuyos corazones no estén herméticamente cerrados al Espíritu de Dios responden a la bondad. Así como pueden responder al odio con el odio, también corresponderán al amor con el amor. Solamente el Espíritu de Dios devuelve el amor por odio. El ser bondadoso con los ingratos y los malos, el hacer lo bueno sin esperar recompensa, es la insignia de la realeza del cielo, la señal segura mediante la cual los hijos del Altísimo revelan su elevada vocación. DMJ 65.3 - DMJ 65.4
La muerte de Cristo demuestra el gran amor de Dios por el hombre. Es nuestra garantía de salvación. Quitarle al cristiano la cruz sería como borrar del cielo el sol. La cruz nos acerca a Dios, y nos reconcilia con él. Con la perdonadora compasión del amor de un padre, Jehová contempla los sufrimientos que su Hijo soportó con el fin de salvar de la muerte eterna a la familia humana, y nos acepta en el Amado.
Sin la cruz, el hombre no podría unirse con el Padre. De ella depende toda nuestra esperanza. De ella emana la luz del amor del Salvador; y cuando al pie de la cruz el pecador mira al que murió para salvarle, puede regocijarse con pleno gozo; porque sus pecados son perdonados. Al postrarse con fe junto a la cruz, alcanza el más alto lugar que pueda alcanzar el hombre.
Mediante la cruz podemos saber que el Padre celestial nos ama con un amor infinito. ¿Debemos maravillarnos de que Pablo exclamara: "Lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo"? Gálatas 6:14. Es también nuestro privilegio gloriarnos en la cruz, entregarnos completamente a Aquel que se entregó por nosotros, Entonces, con la luz que irradia del Calvario brillando en nuestros rostros, podemos salir para revelar esta luz a los que están en tinieblas. HAp 170.4 - HAp 171.2