“Esperad en él en todo tiempo, oh pueblos; Derramad delante de él vuestro corazón; Dios es nuestro refugio. Selah” RVR1960 — Salmos 62:8
“Orar es el acto de abrir el corazón a Dios como a un amigo. El ojo de la fe discernirá a Dios muy cerca, y el suplicante puede obtener preciosa evidencia del amor y del cuidado que Dios manifiesta por él. Pero, ¿por qué sucede que tantas oraciones no son nunca contestadas? Dice David: “A él clamé con mi boca, Y fue exaltado con mi lengua. Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no me habría escuchado” Salmos 66:17. Por otro profeta, el Señor nos ha dado la promesa: “Y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón”. Jeremías 29:13. Y en otro lugar habla de algunos que “no clamaron a mí con su corazón”. Oseas 7:14. Esas peticiones son oraciones de forma, servicio de labios solamente, que el Señor no acepta.” 4TPI 525.1
“La oración que Natanael ofreció mientras estaba debajo de la higuera, provenía de un corazón sincero, y fue oída y contestada por el Maestro. Cristo dijo de él: “He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño”. Juan 1:47. El Señor lee el corazón de cada uno y comprende sus motivos y propósitos. “La oración de los rectos es su gozo”. Proverbios 15:8. El no será tardo en oír a aquellos que le abren su corazón, sin exaltarse a sí mismos, sino sintiendo sinceramente su gran debilidad e indignidad.” 4TPI 525.2
“Hay necesidad de oración, de oración muy ferviente, sincera, como en agonía, de oración como la que ofreció David cuando exclamó: “Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía”. Salmos 42:1. “Yo he anhelado tus mandamientos” (Salmos 119:40); “he deseado tu salvación” Salmos 119:174. “Anhela mi alma y aun ardientemente desea los atrios de Jehová; mi corazón y mi carne cantan al Dios vivo”. Salmos 84:2. “Quebrantada está mi alma de desear tus juicios en todo tiempo”. Salmos 119:20. Tal es el espíritu de la oración que lucha, como el que poseía el real salmista.” 4TPI 525.3
Lee 1 Reyes 19: 1 al 18. Centra tu atención en las oraciones de Elías y en la interacción de Dios con él. ¿A qué se debía el abatimiento de Elías? ¿En qué se diferencian las respuestas divinas aquí y en el Monte Carmelo?
“Con la muerte de los profetas de Baal, se abrió el camino para llevar a cabo una poderosa reforma espiritual. Los juicios del Cielo se habían cumplido; el pueblo había confesado sus pecados y reconocido al Dios de sus padres. Ahora la maldición iba a ser retirada, y la tierra iba a ser refrescada con la lluvia. «Levántate, come y bebe», le dijo Elías a Acab, «porque se oye el sonido de una lluvia abundante». Entonces el profeta subió a la cima del monte para orar.” SS 82.1
“A las puertas de Jezreel, Elías y Acab se separaron. El profeta, que decidió quedarse fuera de las murallas, se envolvió en su manto y se tumbó en la tierra desnuda para dormir. El rey pronto llegó al refugio de su palacio y le contó a su esposa los acontecimientos del día. Mientras Acab narraba la matanza de los profetas idólatras, Jezabel, endurecida e impenitente, se enfureció. Se negó a reconocer la providencia soberana de Dios y, aún desafiante, declaró con audacia que Elías debía morir.” SS 84.1
“Aquella noche, un mensajero despertó al agotado profeta y le transmitió las palabras de Jezabel: «Que los dioses me castiguen, y más aún, si para mañana a esta misma hora no hago con tu vida lo mismo que con la de cualquiera de ellos».” SS 84.2
“Parecería que, tras haber demostrado un valor tan inquebrantable y haber triunfado tan rotundamente sobre el rey, los sacerdotes y el pueblo, Elías nunca habría podido caer después en el desánimo ni dejarse intimidar hasta el punto de volverse tímido. Pero en aquella hora oscura, su fe y su valor le abandonaron. Desorientado, se despertó de su letargo. La lluvia caía a cántaros del cielo y la oscuridad lo envolvía todo. Olvidando que tres años antes Dios había guiado sus pasos hacia un lugar de refugio, el profeta huyó ahora para salvar su vida.” SS 84.3
“Entonces “el rey con ira y con grande enojo, mandó que matasen a todos los sabios de Babilonia.”” PR 362.2
“Elías no debería haber huido. Debería haber hecho frente a la amenaza de Jezabel recurriendo en busca de protección a Aquel que le había encomendado su misión. Debería haberle dicho al mensajero que el Dios en quien confiaba lo protegería del odio de la reina. Si hubiera hecho de Dios su refugio y su fortaleza, habría estado a salvo de todo mal. El Señor habría enviado sus juicios sobre Jezabel, y la impresión causada en el rey y el pueblo habría provocado una gran reforma.” SS 84.4
“Elías había esperado que, tras el milagro del Monte Carmelo, Jezabel dejara de ejercer influencia sobre Acab y que se produjera una rápida reforma en todo Israel. Durante todo el día en el Carmelo había trabajado sin comer. Sin embargo, cuando condujo el carro de Acab a Jezreel, su valor era firme a pesar del esfuerzo físico. Pero a menudo una reacción sigue a una fe firme y a un éxito glorioso. Elías temía que la reforma iniciada no fuera duradera, y la depresión se apoderó de él. En ese momento de desánimo, con la amenaza de Jezabel resonando en sus oídos y Satanás aparentemente aún prevaleciendo, perdió su conexión con Dios.” SS 85.1
“Olvidándose de Dios, Elías siguió huyendo sin cesar, hasta que se encontró solo en un páramo desolado. Completamente agotado, se sentó a descansar bajo un enebro y pidió que le dejaran morir: «Ya basta; ahora, Señor, quítame la vida, pues no soy mejor que mis antepasados». Con el espíritu abatido por la amarga decepción, deseaba no volver a ver jamás el rostro de un hombre. Al fin, exhausto, se quedó dormido.” SS 85.2
“A todos nos llegan momentos de profunda decepción y desánimo: días en los que cuesta creer que Dios siga siendo bondadoso, días en los que las dificultades nos acosan hasta el punto de que la muerte parece preferible a la vida. Entonces, muchos pierden su agarre a Dios y caen en la esclavitud de la duda y la incredulidad. Si en esos momentos pudiéramos discernir el significado de las providencias de Dios, veríamos a los ángeles tratando de salvarnos de nosotros mismos, esforzándose por afianzar nuestros pies sobre un fundamento firme, y surgirían una nueva fe y una nueva vida.” SS 85.3
Tal vez hayas orado por algo durante mucho tiempo, incluso años, y tengas la sensación de que Dios no ha escuchado tus plegarias. La Biblia nos dice: «Pidan, y les darán» (Mat. 7: 7), y «si pedimos algo conforme a su voluntad, él nos oye» (1 Juan 5: 14). ¿Qué opinas de estas promesas?
“En algunos casos de curación, Jesús no concedió inmediatamente la bendición pedida. Pero en el caso del leproso, apenas hecha la súplica fué concedida. Cuando pedimos bendiciones terrenales, tal vez la respuesta a nuestra oración sea dilatada, o Dios nos dé algo diferente de lo que pedimos, pero no sucede así cuando pedimos liberación del pecado. El quiere limpiarnos del pecado, hacernos hijos suyos y habilitarnos para vivir una vida santa. Cristo “se dió a sí mismo por nuestros pecados para librarnos de este presente siglo malo, conforme a la voluntad de Dios y Padre nuestro.” Y “ésta es la confianza que tenemos en él, que si demandáremos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que demandáremos, sabemos que tenemos las peticiones que le hubiéremos demandado.”5Gálatas 1:4; 1 Juan 5:14, 15. “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad,” DTG 231.3
“La oración de Ana no fue escuchada por ningún oído humano, pero llegó a los oídos del Señor de los ejércitos. Suplicó con fervor que Dios le quitara su vergüenza y le concediera el don más preciado por las mujeres de aquella época: la bendición de la maternidad. Mientras luchaba en oración, su voz no emitía ningún sonido, pero sus labios se movían y su rostro delataba una profunda emoción. Y ahora otra prueba esperaba a la humilde suplicante. Cuando la mirada del sumo sacerdote Elí se posó en ella, decidió apresuradamente que estaba ebria. Las fiestas y los banquetes habían sustituido casi por completo a la verdadera piedad entre el pueblo de Israel. Los casos de intemperancia, incluso entre las mujeres, eran frecuentes, y ahora Elí decidió impartirle lo que consideraba una reprimenda merecida. «¿Hasta cuándo estarás ebria? Aparta de ti el vino».” ST October 27, 1881, par. 9
“En su oración, Ana había hecho el voto de que, si se le concedía su petición, dedicaría a su hijo al servicio de Dios. Le comunicó este voto a su marido, y él lo confirmó en un acto solemne de adoración, antes de partir de Silo.” ST October 27, 1881, par. 11
“Jesús nos enseña a llamar a su Padre, nuestro Padre. No se avergüenza de llamarnos hermanos.1Hebreos 2:11. Tan dispuesto, y ansioso, está el corazón del Salvador a recibirnos como miembros de la familia de Dios, que desde las primeras palabras que debemos emplear para acercarnos a Dios él expresa la seguridad de nuestra relación divina: “Padre nuestro”.” DMJ 89.4
“Para santificar el nombre del Señor se requiere que las palabras que empleamos al hablar del Ser Supremo sean pronunciadas con reverencia. “Santo y terrible es su nombre”.6Salmos 111:9. Nunca debemos mencionar con liviandad los títulos ni los apelativos de la Deidad. Por la oración entramos en la sala de audiencia del Altísmo y debemos comparecer ante él con pavor sagrado. Los ángeles velan sus rostros en su presencia. Los querubines y los esplendorosos y santos serafines se acercan a su trono con reverencia solemne. ¡Cuánto más debemos nosotros, seres finitos y pecadores, presentarnos en forma reverente delante del Señor, nuestro Creador!” DMJ 91.3
“Dios es nuestro Padre, que nos ama y nos cuida como hijos suyos; es también el gran Rey del universo. Los intereses de su reino son los nuestros; hemos de obrar para su progreso.” DMJ 92.2
“La voluntad de Dios se expresa en los preceptos de su sagrada ley, y los principios de esta ley son los principios del cielo. Los ángeles que allí residen no alcanzan conocimiento más alto que el saber la voluntad de Dios, y el hacer esa voluntad es el servicio más alto en que puedan ocupar sus facultades.” DMJ 93.4
“La primera mitad de la oración que Jesús nos enseñó tiene que ver con el nombre, el reino y la voluntad de Dios: que sea honrado su nombre, establecido su reino y hecha su voluntad. Y así, cuando hayamos hecho del servicio de Dios nuestro primer interés, podremos pedir que nuestras propias necesidades sean suplidas y tener la confianza de que lo serán. Si hemos renunciado al yo y nos hemos entregado a Cristo, somos miembros de la familia de Dios, y todo cuanto hay en la casa del Padre es nuestro. Se nos ofrecen todos los tesoros de Dios, tanto en el mundo actual como en el venidero. El ministerio de los ángeles, el don del Espíritu, las labores de los siervos, todas estas cosas son para nosotros. El mundo, con cuanto contiene, es nuestro en la medida en que pueda beneficiarnos. Aun la enemistad de los malos resultará una bendición, porque nos disciplinará para entrar en los cielos. Si somos “de Cristo”, “todo” es nuestro.” DMJ 94.3
“Jesús enseña que podemos recibir el perdón de Dios solamente en la medida en que nosotros mismos perdonamos a los demás. El amor de Dios es lo que nos atrae a él. Ese amor no puede afectar nuestros corazones sin despertar amor hacia nuestros hermanos.” DMJ 96.5
“La tentación es incitación al pecado, cosa que no procede de Dios, sino de Satanás y del mal que hay en nuestros propios corazones. “Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie”.” DMJ 99.1
“La última frase del Padrenuestro, así como la primera, señala a nuestro Padre como superior a todo poder y autoridad y a todo nombre que se mencione. El Salvador contemplaba los años que esperaban a los discípulos, no con el esplendor de la prosperidad y el honor mundanos con que habían soñado, sino en la oscuridad de las tempestades del odio humano y de la ira satánica. En medio de la lucha y la ruina de la nación, los discípulos estarían acosados de peligros, y a menudo el miedo oprimiría sus corazones. Habrían de ver a Jerusalén desolada, el templo arrasado, su culto suprimido para siempre, e Israel esparcido por todas las tierras como náufragos en una playa desierta. Dijo Jesús: “Oiréis de guerras y rumores de guerras”. “Se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de dolores”.31Mateo 24:6-8. A pesar de ello, los discípulos de Cristo no debían pensar que su esperanza era vana ni que Dios había abandonado al mundo. El poder y la gloria pertenecen a Aquel cuyos grandes propósitos se irán cumpliendo sin impedimento hasta su consumación. En aquella oración, que expresaba sus necesidades diarias, la atención de los discípulos de Cristo fue dirigida, por encima de todo el poder y el dominio del mal, hacia el Señor su Dios, cuyo reino gobierna a todos, y quien es Padre y Amigo eterno." DMJ 101.3
Lee la oración de Daniel en Daniel 9: 4 al 19 e identifica sus distintas partes.
“Y volví mi rostro a Dios el Señor, buscándole en oración y ruego, en ayuno, cilicio y ceniza. Y oré a Jehová mi Dios e hice confesión. Daniel 9:3, 4.” AFC 269.3
“El ejemplo de Daniel de oración y confesión se ha dado para nuestra instrucción y ánimo... Daniel sabía que casi había terminado el tiempo del cautiverio de Israel; pero no creía que porque Dios había prometido liberarlos, ellos mismos no tenían que hacer su parte. Buscó al Señor con ayuno y contrición, confesando sus propios pecados y los de su pueblo…” AFC 269.4
“Daniel no pide nada basándose en sus propios méritos, sino que dice: “Inclina, oh Dios mío, tu oído, y oye; abre tus ojos, y mira nuestras desolaciones, y la ciudad sobre la cual es invocado tu nombre; porque no elevamos nuestros ruegos ante ti confiados en nuestras justicias, sino en tus muchas misericordias”. La intensidad de su deseo lo torna ferviente: “Oye, Señor; oh Señor, perdona; presta oído, Señor, y hazlo; no tardes, por amor de ti mismo, Dios mío; porque tu nombre es invocado sobre tu ciudad y sobre tu pueblo”. Daniel 9:18, 19…” AFC 269.5
“¡Qué oración notable es ésta que fue pronunciada por los labios de Daniel! ¡Cuánta humildad de alma revela! En las palabras que ascendían a Dios se advertía el calor del fuego celestial. El Cielo contestó esa oración enviando su mensajero a Daniel. En nuestros días, las oraciones que se ofrezcan en esta misma forma prevalecerán con Dios. “La oración eficaz del justo puede mucho”. Santiago 5:16. Así como en la antigüedad descendió fuego del cielo cuando se ofreció una oración, y consumió el sacrificio que estaba sobre el altar, así también el fuego celestial descenderá a nuestras almas como respuesta a nuestras oraciones... El Dios que escuchó la oración de Daniel escuchará las nuestras cuando acudamos a él arrepentidos. Nuestras necesidades son tan urgentes como las del profeta, nuestras dificultades son tan grandes como las suyas, y necesitamos tener su misma firmeza de propósito, y echar con fe nuestra carga sobre el gran Portador de las cargas.—The Review and Herald, 9 de febrero de 1897. AFC 270.1
“El mismo Jesús, mientras habitaba entre los hombres, se dedicaba a menudo a la oración. Nuestro Salvador se identificó con nuestras necesidades y debilidades, hasta el punto de convertirse en un suplicante, un petidor, que buscaba en su Padre nuevas reservas de fuerza para poder salir fortalecido ante el deber y la prueba. Él es nuestro ejemplo en todas las cosas. Es un hermano en nuestras debilidades, «tentado en todo según nuestra semejanza»; pero, como el sin pecado, su naturaleza se apartaba del mal; soportó luchas y torturas del alma en un mundo de pecado. Su humanidad hizo de la oración una necesidad y un privilegio. Encontró consuelo y alegría en la comunión con su Padre. Y si el Salvador de los hombres, el Hijo de Dios, sintió la necesidad de orar, cuánto más deberían sentir los mortales débiles y pecadores la necesidad de una oración ferviente y constante.” CSA 26.5
“La oscuridad del maligno envuelve a quienes descuidan la oración. Las tentaciones susurradas por el enemigo los incitan al pecado; y todo ello se debe a que no hacen uso de los privilegios que Dios les ha concedido en el designio divino de la oración. ¿Por qué deberían los hijos e hijas de Dios mostrarse reacios a orar, cuando la oración es la llave en manos de la fe para abrir el almacén del cielo, donde se atesoran los recursos ilimitados de la Omnipotencia? Sin una oración incesante y una vigilancia diligente, corremos el peligro de volvernos descuidados y de desviarnos del camino recto…” CSA 27.1
“Hay ciertas condiciones en las que podemos esperar que Dios escuche y responda a nuestras oraciones. Una de las primeras es que sintamos que necesitamos su ayuda... El corazón debe estar abierto a la influencia del Espíritu; de lo contrario, no se puede recibir la bendición de Dios...” CSA 27.2
“Otro elemento de la oración eficaz es la fe... Jesús dijo a sus discípulos: «Todo lo que pidáis en la oración, creed que lo habéis recibido, y lo obtendréis». Marcos 11:24....” CSA 27.3
“Cuando no recibimos exactamente lo que pedimos, en el momento en que lo pedimos, debemos seguir creyendo que el Señor nos escucha y que responderá a nuestras oraciones... Cuando nuestras oraciones parecen no ser escuchadas, debemos aferrarnos a la promesa; pues el momento de la respuesta llegará sin duda, y recibiremos la bendición que más necesitamos... Dios es demasiado sabio para equivocarse, y demasiado bueno para negar nada bueno a quienes caminan con rectitud.” CSA 27.4
“Hay necesidad de oración, de oración muy ferviente, sincera, como en agonía, de oración como la que ofreció David cuando exclamó: “Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía”. Salmos 42:1. “Yo he anhelado tus mandamientos” (Salmos 119:40); “he deseado tu salvación” Salmos 119:174. “Anhela mi alma y aun ardientemente desea los atrios de Jehová; mi corazón y mi carne cantan al Dios vivo”. Salmos 84:2. “Quebrantada está mi alma de desear tus juicios en todo tiempo”. Salmos 119:20. Tal es el espíritu de la oración que lucha, como el que poseía el real salmista.” 4TPI 525.3
“Daniel oró a Dios, sin ensalzarse a sí mismo ni pretender bondad alguna: “Oye, Señor; oh Señor, perdona; presta oído, Señor, y hazlo; no tardes, por amor de ti mismo, Dios mío”. Daniel 9:19. Esto es lo que Santiago llama la oración eficaz y ferviente. De Cristo se dice: “Estando en agonía oraba más intensamente”. Lucas 22:44. ¡Qué contraste presentan con esta intercesión de la Majestad celestial las débiles y tibias oraciones que se ofrecen a Dios! Muchos se conforman con el servicio de los labios, y pocos tienen un anhelo sincero, ferviente y afectuoso por Dios.” 4TPI 526.1
“La comunión con Dios imparte al alma un íntimo conocimiento de su voluntad. Pero muchos de los que profesan la fe, no saben lo que es la verdadera conversión. No han experimentado la comunión con el Padre por medio de Jesucristo y no han sentido el poder de la gracia divina para santificar el corazón. Orando y pecando, pecando y orando, viven llenos de malicia, engaño, envidia, celos y amor propio. Las oraciones de esta clase son abominación delante de Dios. La verdadera oración requiere las energías del alma y afecta la vida. El que presenta así sus necesidades delante de Dios, siente el vacío de todo lo demás bajo el cielo. “Delante de ti están todos mis deseos”, dijo David, “y mi suspiro no te es oculto”. Salmos 38:9. “Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo: ¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?” Salmos 42:2. “Me acuerdo de estas cosas, y derramo mi alma dentro de mí”. Salmos 42:4.” 4TPI 526.2
“A medida que nuestro número aumenta, deben hacerse planes más amplios para satisfacer las demandas de los tiempos; pero no vemos aumento especial de la ferviente piedad, de la sencillez cristiana y de la devoción sincera. La iglesia parece conformarse con dar tan sólo los primeros pasos en la conversión. Sus miembros están más listos para la labor activa que para la devoción humilde, más listos para dedicarse al servicio religioso externo que a la obra interna del corazón. La meditación y la oración son descuidadas por el bullicio y la ostentación. La religión debe empezar vaciando y purificando el corazón, y debe ser nutrida por la oración diaria.” 4TPI 526.3
“El progreso constante de nuestra obra y el aumento de las instalaciones llenan el corazón y la mente de muchos de nuestros hermanos con satisfacción y orgullo que tememos hayan de reemplazar el amor de Dios en el alma. La actividad intensa en la parte mecánica de la obra de Dios puede ocupar de tal manera la mente, que la oración sea descuidada, y la importancia y suficiencia propia, tan dispuestas a abrirse paso, reemplacen la verdadera bondad, mansedumbre y humildad de corazón. Puede oírse el clamor: “Templo de Jehová, templo de Jehová, templo de Jehová es éste”. Jeremías 7:4. “Ven conmigo, y verás mi celo por Jehová”. 2 Reyes 10:16. Pero, ¿dónde están los que llevan las cargas? ¿Dónde están los padres y las madres de Israel? ¿Dónde están los que llevan en el corazón la preocupación por las almas, y se acercan con íntima simpatía a sus semejantes, listos a colocarse en cualquier posición para salvarlos de la ruina eterna?” 4TPI 526.4