Morando en la tierra

Lección 11, 4° Trimestre, 6 al 12 de Diciembre de 2025

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Tarde del sabbat 6 de Diciembre

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“La blanda respuesta quita la ira; Mas la palabra áspera hace subir el furor.” RVR1960 — Proverbios 15:1


Después que descendió el Espíritu Santo, cuando los discípulos salieron a proclamar al Salvador viviente, su único deseo era la salvación de las almas. Se regocijaban en la dulzura de la comunión con los santos. Eran compasivos, considerados, abnegados, dispuestos a hacer cualquier sacrificio por la causa de la verdad. En su asociación diaria, revelaban el amor que Cristo les había enseñado. Por medio de palabras y hechos desinteresados, se esforzaban por despertar ese sentimiento en otros corazones. HAp 437.2

Pero gradualmente sobrevino un cambio. Los creyentes comenzaron a buscar defectos en los demás. Espaciándose en las equivocaciones, y dando lugar a una crítica dura, perdieron de vista al Salvador y su amor. Llegaron a ser más estrictos en relación con las ceremonias exteriores, más exactos en la teoría que en la práctica de la fe. En su celo por condenar a otros, pasaban por alto sus propios errores. Perdieron el amor fraternal que Cristo les había encomendado, y lo más triste de todo, era que no se daban cuenta de su pérdida. No comprendían que la alegría y el regocijo se retiraban de sus vidas, y que, habiendo excluído el amor de Dios de sus corazones, pronto caminarían en tinieblas. HAp 437.4

El mayor peligro de la iglesia de Cristo no es la oposición del mundo. Es el mal acariciado en los corazones de los creyentes lo que produce el más grave desastre, y lo que, seguramente, más retardará el progreso de la causa de Dios. No hay forma más segura para destruir la espiritualidad que abrigar envidia, sospecha, crítica o malicia. Por otro lado, el testimonio más fuerte de que Dios ha enviado a su Hijo al mundo, es la armonía y unión entre hombres de distintos caracteres que forman su iglesia. El privilegio de los seguidores de Cristo es dar ese testimonio. Pero para poder hacerlo, deben colocarse bajo las órdenes de Cristo. Sus caracteres deben conformarse a su carácter, y sus voluntades a la suya. HAp 438.2

Domingo 7 de diciembre

Compromiso


Lee Josué 22: 1-8. ¿Qué nos dicen estos versículos acerca del compromiso de los rubenitas, los gaditas y la media tribu de Manasés?

Dos de las tribus de Israel, Gad y Rubén, con la mitad de la tribu de Manasés, habían recibido su heredad antes de cruzar el Jordán. Para un pueblo de pastores, las anchas llanuras de las tierras altas y valiosos bosques de Galaad y de Basán, que ofrecían extensos campos de pastoreo para sus rebaños y manadas, tenían atractivos que no podían encontrarse en la propia Canaán; y las dos tribus y media, deseando establecerse en esa región, se habían comprometido a proporcionar su cuota de soldados armados para que acompañaran a sus hermanos al otro lado del Jordán y participaran en todas sus batallas hasta que todos entraran en posesión de sus respectivas heredades. Esta obligación se había cumplido fielmente. Cuando las diez tribus entraron en Canaán, cuarenta mil de “los hijos de Rubén y los hijos de Gad, y la media tribu de Manasés, [...] armados, listos para la guerra, pasaron hacia la llanura de Jericó delante de Jehová”. Josué 4:12, 13. Durante años habían luchado valientemente al lado de sus hermanos. Ahora había llegado el momento en que debían entrar en la tierra de su posesión. Mientras acompañaban a sus hermanos en los conflictos, también habían compartido los despojos; y regresaron “con grandes riquezas, y con grande copia de ganado, con plata, y con oro, y metal, y muchos vestidos” (véase Josué 22), todo lo cual debían compartir con los que se habían quedado al cuidado de las familias y los rebaños. PP 495.1

Iban a morar ahora a cierta distancia del santuario del Señor, y Josué presenció su partida con corazón acongojado, pues sabía cuán fuertemente tentados se verían, en su vida aislada y nómada, a adoptar las costumbres de las tribus paganas que moraban en sus fronteras. PP 495.2

Lunes 8 de diciembre

Acusaciones


Lee en Josué 22: 9-20 la historia de las tribus que regresaron. ¿Qué acusaciones hicieron las tribus del Jordán Occidental contra las del Jordán Oriental? ¿Hasta qué punto tenían fundamento esas acusaciones?

Mientras el ánimo de Josué y de otros jefes estaba aun deprimido por presentimientos angustiosos, les llegaron noticias extrañas. Al lado del Jordán, cerca del sitio donde Israel cruzó milagrosamente el río, las dos tribus y media habían construído un gran altar, parecido al altar de los holocaustos que se había erigido en Silo. La ley de Dios prohibía, so pena de muerte, el establecimiento de otro culto que el del santuario. Si este era el objeto de ese altar, y se le permitía subsistir, apartaría al pueblo de la verdadera fe. PP 495.3

Los representantes del pueblo se reunieron en Silo, y en el acaloramiento de su excitación e indignación, propusieron declarar la guerra en seguida a los transgresores. Sin embargo, gracias a la influencia de los más cautos, se decidió mandar primeramente una delegación para que obtuviera de las dos tribus y media una explicación de su comportamiento. Se escogieron diez príncipes, uno de cada tribu. Encabezaba esta delegación Finees, que se había distinguido por su celo en el asunto de Peor. PP 495.4

Las dos tribus y media habían cometido un error al llevar a cabo, sin explicación alguna, un acto susceptible de tan graves sospechas. Los embajadores, dando por sentado que sus hermanos eran culpables, les dirigieron reproches mordaces. Los acusaron de rebelarse contra Dios, y los invitaron a recordar cómo habían caído castigos sobre Israel por haberse juntado con Baal-peor. En nombre de todo Israel, Finees manifestó a los hijos de Gad y de Rubén que si no querían vivir en aquella tierra sin altar para el sacrificio, se les daba la bienvenida para que participaran en los bienes y privilegios de sus hermanos al otro lado del río. PP 496.1

Martes 9 de diciembre

Perseguidos por el pasado


Lee nuevamente Josué 22: 13-15 a la luz de Números 25. ¿Por qué los israelitas eligieron a Finees como jefe de la delegación enviada a las dos tribus y media?

Todos creyeron que el castigo era justo, y el pueblo se dirigió apresuradamente al tabernáculo, y con lágrimas y profunda humillación confesó su gran pecado. Mientras lloraba ante Dios a la puerta del tabernáculo y la plaga aun hacia su obra de exterminio, y los magistrados ejecutaban su terrible comisión, Zimri, uno de los nobles de Israel, vino audazmente al campamento, acompañado de una ramera madianita, princesa de una familia distinguida de Madián, a quien él llevó a su tienda. Nunca se ostentó el vicio más osada o tercamente. Embriagado de vino, Zimri publicó “su pecado como Sodoma”, y se enorgulleció de algo que debió llenarlo de verguenza. Los sacerdotes y los jefes se habían postrado en aflicción y humillación, llorando “entre la entrada y el altar” e implorando al Señor que perdonara a su pueblo y que no entregara su heredad al oprobio, cuando este príncipe de Israel hizo alarde de su pecado en presencia de la congregación, como si desafiara la venganza de Dios y se burlara de los jueces de la nación. Finees, hijo del sumo sacerdote Eleazar, se levantó de entre la congregación, y asiendo una lanza, “entró tras el varón de Israel a la tienda”, y lo mató a él y a la mujer. Así se detuvo la plaga y el sacerdote que ejecutó el juicio divino fue honrado ante Israel, y el sacerdocio le fue confirmado a él y a su casa para siempre. PP 431.3

“Finees [...] ha hecho apartar mi furor de los hijos de Israel”, fue el mensaje divino; “por tanto: Yo establezco mi pacto de paz con él. Será para él, y para su descendencia después de él, el pacto del sacerdocio perpetuo, por cuanto tuvo celo por su Dios e hizo expiación por los hijos de Israel”. Números 25:11-13. PP 432.1

Miércoles 10 de diciembre

Una respuesta amable


Lee Josué 22: 21-29 a la luz de Proverbios 15: 1. ¿Qué podemos aprender de la respuesta de las tribus orientales?

Para responder esto, los acusados explicaron que el altar que habían construído no era para ofrecer sacrificios, sino sencillamente para atestiguar que, a pesar de estar separados por el río, tenían la misma fe que sus hermanos de Canaán. Habían temido que en algún tiempo futuro podría suceder que sus hijos fueran excluidos del tabernáculo, como quienes no tienen parte en Israel. Entonces este altar, erigido de conformidad con el modelo del altar de Jehová en Silo, atestiguaría que los fundadores y constructores de él adoraban también al Dios viviente. PP 496.2

Con gran regocijo los embajadores aceptaron esta explicación, y en seguida regresaron para llevar las buenas noticias a los que los habían enviado. Toda idea de guerra fue desechada, y el pueblo unido se regocijó y alabó a Dios. PP 496.3

Los hijos de Gad y de Rubén grabaron entonces en su altar una inscripción que indicaba el objeto para el cual había sido erigido; y dijeron: “Testimonio es entre nosotros que Jehová es Dios”. Así procuraron evitar futuras interpretaciones erróneas y eliminar cuanto pudiera ser causa de tentación. PP 496.4

¡Cuán a menudo provienen serias dificultades de una simple interpretación errónea, hasta entre aquellos que son guiados por los móviles más dignos! Y sin el ejercicio de la cortesía y la paciencia, ¡qué resultados tan graves y aun fatales pueden sobrevenir! Las diez tribus recordaban cómo, en el caso de Acán, Dios había reprendido la falta de vigilancia para descubrir los pecados que existían entre ellas. Ahora habían decidido actuar rápida y seriamente; pero al tratar de evitar su primer error, habían llegado al extremo opuesto. En vez de hacer una investigación cortés para averiguar los hechos del caso, se habían presentado a sus hermanos con censuras y condenación. Si los hombres de Gad y de Rubén hubieran respondido animados del mismo espíritu, el resultado habría sido la guerra. Si bien es importante, por un lado, que se evite la indiferencia al tratar con el pecado, es igualmente importante, por otro lado, que se eviten los juicios duros y las sospechas infundadas. PP 496.5

Jueves 11 de diciembre

Resolución de conflictos


Lee Josué 22: 30-34. ¿De qué manera nos da este incidente algunas ideas acerca de cómo resolver conflictos y garantizar la unidad de la iglesia? (Comparar con Sal. 133; Juan 17: 20-23; 1 Ped. 3: 8, 9).

Muchos que son muy sensibles a la menor crítica dirigida contra su propio comportamiento, dan, sin embargo, un trato excesivamente severo a las personas a quienes consideran en el error. La censura y el oprobio no lograron jamás rescatar a nadie de una opinión falsa, sino que más bien han contribuido a alejar a muchos del camino recto, por haberlos inducido a endurecer su corazón para no dejarse convencer. Un espíritu bondadoso y un comportamiento cortés, afable y paciente pueden salvar a los descarriados y ocultar una multitud de pecados. PP 497.1

La prudencia manifestada por los hijos de Rubén y sus compañeros es digna de imitación. En tanto que se esforzaban sinceramente por hacer progresar la causa de la verdadera religión, fueron juzgados erróneamente y censurados con severidad; pero no manifestaron resentimiento. Escucharon con toda cortesía y paciencia los cargos que sus hermanos les hacían, antes de tratar de defenderse, y luego les explicaron ampliamente sus móviles y demostraron su inocencia. Así se arregló amigablemente la dificultad que amenazaba tener tan graves consecuencias. PP 497.2

Aun cuando se los acuse falsamente, los que están en lo justo pueden permitirse tener calma y ser considerados. Dios conoce todo lo que los hombres no entienden o interpretan mal, y con toda confianza podemos entregarle nuestro, caso. Él vindicará la causa de los que depositan su confianza en él tan seguramente como sacó a luz la culpa de Acán. Los que son movidos por el espíritu de Cristo poseerán la caridad, que todo lo soporta y es benigna. PP 497.3

Dios quiere que haya unión y amor fraternal entre su pueblo. En la oración que elevó Cristo precisamente antes de su crucifixión pidió que sus discípulos fueran uno como él era uno con el Padre, para que el mundo creyera que Dios le había enviado. Esta oración conmovedora y admirable llegaba a través de los siglos hasta nuestros días, pues sus palabras fueron: “Pero no ruego solamente por estos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos”. Juan 17:20. Aunque no hemos de sacrificar un solo principio de la verdad, debemos procurar constantemente ese estado de unidad. Es la evidencia de nuestro carácter de discípulos de Jesús, pues él dijo: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tenéis amor los unos con los otros”. Juan 13:35. El apóstol Pedro exhorta a la iglesia así: “En fin, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables. No devolváis mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados a heredar bendición”. 1 Pedro 3:8, 9. PP 497.4

Viernes 12 de diciembre

Para estudiar y meditar

“Las dificultades y malentendidos que aún surgen entre el pueblo de Dios son a menudo similares en su naturaleza y resultados a los que amenazaron con resultar tan desastrosos para Israel. Las diez tribus estaban llenas de temor de que el pueblo que Dios había aceptado como suyo se dividiera en intereses y cultos, de ahí su prontitud en reprender de inmediato la supuesta deserción de sus hermanos. Sin embargo, en ese mismo esfuerzo por mantener el honor de Dios y la pureza de Israel, vemos los graves e incluso fatales resultados que podrían haber derivado de un simple malentendido. ST May 12, 1881, par. 15

“Los hombres que buscaban honestamente promover la causa de la verdadera religión fueron juzgados erróneamente y severamente reprendidos. La sabiduría que manifestaron en su conducta bajo estas difíciles circunstancias es digna de imitación. Cuántos males se podrían evitar si los miembros de todas nuestras iglesias siguieran ese ejemplo. Una persona puede ser injustamente sospechada o censurada por sus hermanos, pero no debe por ello ceder a la ira ni albergar deseos de venganza. Una situación así brinda la oportunidad de desarrollar la preciosa virtud de la mansedumbre y la tolerancia. ST May 12, 1881, par. 16

“Todos los cristianos deben tener cuidado de evitar los dos extremos: por un lado, la laxitud al tratar el pecado y, por otro, el juicio severo y la sospecha infundada. Los israelitas, que manifestaron tanto celo contra los hombres de Gad y Rubén, recordaron cómo, en el caso de Acán, Dios había reprendido la falta de vigilancia para descubrir los pecados que existían entre ellos. Entonces decidieron actuar con prontitud y seriedad en el futuro; pero al tratar de hacerlo, cayeron en el extremo opuesto. En lugar de reprender a sus hermanos, primero deberían haberles preguntado cortésmente para conocer todos los detalles del caso. ST May 12, 1881, par. 17

“Todavía hay muchos que están llamados a soportar acusaciones falsas. Al igual que los hombres de Israel, pueden permitirse estar tranquilos y ser considerados, porque están en lo cierto. Deben recordar con gratitud que Dios conoce todo lo que los hombres malinterpretan y malinterpretan, y pueden dejarlo todo en sus manos con seguridad. Él defenderá con tanta certeza la causa de aquellos que ponen su confianza en él, como investigó la culpa oculta de Acán. ST May 12, 1881, par. 18

“Cuánto mal se evitaría si todos, al ser acusados falsamente, evitaran las recriminaciones y, en su lugar, emplearan palabras suaves y conciliadoras. Y, al mismo tiempo, aquellos que, en su celo por oponerse al pecado, han caído en sospechas injustas, deberían tratar siempre de tener la opinión más favorable de sus hermanos y alegrarse cuando se descubre que son inocentes.” ST May 12, 1881, par. 19