
“Porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será enaltecido.” RVR1960 — San Lucas 14:11
“Debemos evitar todo lo que estimule el orgullo y la suficiencia propia; por lo tanto, debemos estar apercibidos para no dar ni recibir lisonjas o alabanzas. La adulación es obra de Satanás. El se ocupa tanto en adular como en acusar y condenar, y así procura la ruina del alma. Los que alaban a los hombres son usados como agentes por Satanás. Alejen de sí las palabras de alabanza los obreros de Cristo. Sea ocultado el yo. Sólo Cristo debe ser exaltado. Diríjase todo ojo, y ascienda alabanza de todo corazón “al que nos amó, y nos ha lavado de nuestros pecados con su sangre”.” PVGM 126.1
“Muchos se privan de las ricas bendiciones de Dios por su orgullo y falta de fe. A menos que humillen sus corazones ante el Señor, muchos serán sorprendidos y chasqueados cuando resuene el grito: “He aquí, el esposo viene.”. Mateo 25:6. Conocen la teoría de la verdad, mas no tienen aceite en sus vasos para sus lámparas. En este tiempo, nuestra fe no debe limitarse a un simple asentimiento, a una simple adhesión al mensaje del tercer ángel. Necesitamos el aceite de la gracia de Cristo para alimentar nuestras lámparas, hacer brillar la luz de la vida e indicar el camino a los que están en tinieblas.” CSI 127.2
Lee 1 Juan 2: 15 al 17. ¿Qué tres puntos principales enseña este pasaje acerca del orgullo y el amor al mundo?
“La ropa debe tener la donosura, la belleza y las cualidades propias de la sencillez natural. Cristo nos ha prevenido contra el orgullo de la vida, pero no contra su gracia y su belleza natural. Nos llama la atención a las flores del campo, a los lirios de tan significativa pureza, y dice: “Ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos”. Mateo 6:29. Así, por medio de las cosas de la naturaleza, Cristo nos enseña cuál es la belleza que el cielo aprecia, la gracia modesta, la sencillez, la pureza, la propiedad, que harán nuestro atavío agradable a Dios. El vestido más hermoso es el que nos manda que pongamos a nuestra alma. No hay adorno exterior que pueda compararse en valor y en belleza con el “espíritu afable y apacible” que en su opinión es de “grande estima”. 1 Pedro 3:4.” CM 288.3
“En la parábola de la simiente de mostaza no sólo se ilustra el crecimiento del reino de Cristo, sino que en cada etapa de su crecimiento la experiencia representada en la parábola se repite. Dios tiene una verdad especial y una obra especial para su iglesia en cada generación. La verdad, oculta a los hombres sabios y prudentes del mundo, es revelada a los humildes y a los que son como niños. Exige sacrificios. Tiene batallas que luchar y victorias que ganar. Al principio son pocos los que la defienden. Ellos son contrarrestados y desdeñados por los grandes hombres del mundo y la iglesia que se conforma al mundo. Ved a Juan el Bautista, el precursor de Cristo, solo, reprendiendo el orgullo y el formalismo de la nación judía. Ved a los primeros portadores del Evangelio a Europa. Cuán oscura, cuán desesperada parecía la misión de Pablo y Silas, los dos tejedores de tiendas, cuando, junto con sus compañeros, tomaron el barco en Troas para Filipo. Ved a “Pablo el anciano”, encadenado, predicando a Cristo en la fortaleza de los Césares. Ved las pequeñas comunidades de esclavos y labriegos en conflicto con el paganismo de la Roma imperial. Ved a Martín Lutero oponiéndose a la poderosa iglesia que es la obra maestra de la sabiduría del mundo. Vedle aferrándose a la Palabra de Dios frente al emperador y al papa, declarando: “Aquí hago mi decisión; no puedo hacer de otra manera. Que Dios me ayude”. Ved a Juan Wesley predicando a Cristo y su justicia en medio del formalismo, el sensualismo y la incredulidad. Ved a un hombre agobiado por los clamores del mundo pagano, suplicando el privilegio de llevarles el mensaje de amor de Cristo. Escuchad la respuesta del clericalismo: “Siéntese, joven; cuando Dios quiera convertir a los paganos lo hará sin su ayuda ni la mía”.” PVGM 56.2
Lee Lucas 18: 9 al 14. ¿Qué piensas de estos dos hombres? ¿Qué pensó Jesús? ¿Qué lección importante hay aquí para todos nosotros?
“El fariseo sube al templo a adorar, no porque sienta que es un pecador que necesita perdón, sino porque se cree justo, y espera ganar alabanzas. Considera su culto como un acto de mérito que lo recomendará a Dios. Al mismo tiempo, su culto dará a la gente un alto concepto de su piedad. Espera asegurarse el favor de Dios y del hombre. Su culto es impulsado por el interés propio.” PVGM 116.1
“Y está lleno de alabanza propia. Lo denota en su apariencia, en su forma de andar y en su forma de orar. Apartándose de los demás, como para decir: “No te llegues a mí, que soy más santo que tú”,1Isaías 65:5. se pone en pie y ora “consigo”. Con una completa satisfacción propia, piensa que Dios y los hombres lo consideran con la misma complacencia.” PVGM 116.2
“Cualquiera que confíe en que es justo, despreciará a los demás. Así como el fariseo se juzga comparándose con los demás hombres, juzga a otros comparándolos consigo. Su justicia es valorada por la de ellos, y cuanto peores sean, tanto más justo aparecerá él por contraste. Su justicia propia lo induce a acusar. Condena a “los otros hombres” como transgresores de la ley de Dios. Así está manifestando el mismo espíritu de Satanás, el acusador de los hermanos. Con este espíritu le es imposible ponerse en comunión con Dios. Vuelve a su casa desprovisto de la bendición divina.” PVGM 117.1
“El publicano había ido al templo con otros adoradores, pero pronto se apartó de ellos, sintiéndose indigno de unirse en sus devociones. Estando en pie lejos, “no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que hería su pecho” con amarga angustia y aborrecimiento propio. Sentía que había obrado contra Dios; que era pecador y sucio. No podía esperar misericordia, ni aun de los que lo rodeaban, porque lo miraban con desprecio. Sabía que no tenía ningún mérito que lo recomendara a Dios, y con una total desesperación clamaba: “Dios, sé propicio a mí pecador”. No se comparaba con los otros. Abrumado por un sentimiento de culpa, estaba como si fuera solo en la presencia de Dios. Su único deseo era el perdón y la paz, su único argumento era la misericordia de Dios. Y fue bendecido. “Os digo—dice Cristo—que éste descendió a su casa justificado antes que el otro”.” PVGM 117.2
“El fariseo y el publicano representan las dos grandes clases en que se dividen los que adoran a Dios. Sus dos primeros representantes son los dos primeros niños que nacieron en el mundo. Caín se creía justo, y sólo presentó a Dios una ofrenda de agradecimiento. No hizo ninguna confesión de pecado, y no reconoció ninguna necesidad de misericordia. Abel, en cambio, se presentó con la sangre que simbolizaba al Cordero de Dios. Lo hizo en calidad de pecador, confesando que estaba perdido; su única esperanza era el amor inmerecido de Dios. Dios apreció la ofrenda de Abel, pero no tomó en cuenta a Caín ni a la suya. La sensación de la necesidad, el reconocimiento de nuestra pobreza y pecado, es la primera condición para que Dios nos acepte. “Bienaventurados los pobres en espíritu: porque de ellos es el reino de los cielos”.” PVGM 117.3
¿Qué dice Hebreos 11: 24 al 26 acerca de por qué Moisés eligió un rumbo diferente y se humilló?
“De conformidad con las leyes de Egipto, todos los que ocupaban el trono de los faraones debían llegar a ser miembros de la casta sacerdotal: y Moisés, como presunto heredero debía ser iniciado en los misterios de la religión nacional. Se responsabilizó de esto a los sacerdotes. Pero aunque era celoso e incansable estudiante, no pudieron inducirlo a la adoración de los dioses. Fue amenazado con perder la corona, y se le advirtió de que sería desheredado por la princesa si insistía en su apego a la fe hebrea. Pero permaneció inconmovible en su determinación de no rendir homenaje a otro Dios que no sea el Creador del cielo y de la tierra. Razonó con los sacerdotes y los adoradores de los dioses egipcios, mostrándoles la insensatez de su veneración supersticiosa hacia objetos inanimados. Nadie pudo refutar sus argumentos o cambiar su propósito; sin embargo, por un tiempo su firmeza fue tolerada a causa de su elevada posición, y por el favor que le dispensaban tanto el rey como el pueblo.” PP 223.3
““Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija del faraón, prefiriendo ser maltratado con el pueblo de Dios, antes que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el oprobio de Cristo que los tesoros de los egipcios, porque tenía puesta la mirada en la recompensa”. Hebreos 11:24-26. Moisés estaba capacitado para destacarse entre los grandes de la tierra, para brillar en las cortes del reino más glorioso, y para empuñar el cetro de su poder. Su grandeza intelectual lo distingue entre los grandes de todas las edades, y no tiene par como historiador, poeta, filósofo, general y legislador. Con el mundo a su alcance, tuvo fuerza moral para rehusar las halagüeñas perspectivas de riqueza, grandeza y fama, “prefiriendo ser maltratado con el pueblo de Dios, antes que gozar de los deleites temporales del pecado”.” PP 223.4
“Moisés había sido instruido tocante al galardón final que será dado a los humildes y obedientes siervos de Dios, y en comparación con el cual la ganancia mundanal se hundía en su propia insignificancia. El magnífico palacio del faraón y el trono del monarca fueron ofrecidos a Moisés para seducirlo; pero él sabía que los placeres pecaminosos que hacen a los hombres olvidarse de Dios imperaban en sus cortes señoriales. Vio más allá del esplendoroso palacio, más allá de la corona de un monarca, los altos honores que se otorgarán a los santos del Altísimo en un reino que no tendrá mancha de pecado. Vio por la fe una corona imperecedera que el Rey del cielo colocará en la frente del vencedor. Esta fe lo indujo a apartarse de los señores de esta tierra, y a unirse con la nación humilde, pobre y despreciada que había preferido obedecer a Dios antes que servir al pecado.” PP 224.1
Lee Lucas 22: 24 al 27 para considerar la respuesta de Jesús a la disputa de los discípulos sobre el significado de la verdadera grandeza. ¿Qué afirmación constituye el núcleo del mensaje de Jesús?
““Hubo entre ellos una contienda, quién de ellos parecía ser el mayor.” Esta contienda, continuada en presencia de Cristo, le apenaba y hería. Los discípulos se aferraban a su idea favorita de que Cristo iba a hacer valer su poder y ocupar su puesto en el trono de David. Y en su corazón, cada uno anhelaba tener el más alto puesto en el reino. Se habían avalorado a sí mismos y unos a otros, y en vez de considerar más dignos a sus hermanos, cada uno se había puesto en primer lugar. La petición de Juan y Santiago de sentarse a la derecha y a la izquierda del trono de Cristo, había excitado la indignación de los demás. El que los dos hermanos se atreviesen a pedir el puesto más alto, airaba tanto a los diez que el enajenamiento amenazaba penetrar entre ellos. Consideraban que se los había juzgado mal, y que su fidelidad y talentos no eran apreciados. Judas era el más severo con Santiago y Juan.” DTG 599.3
“Cuando los discípulos entraron en el aposento alto, sus corazones estaban llenos de resentimiento. Judas se mantenía al lado de Cristo, a la izquierda; Juan estaba a la derecha. Si había un puesto más alto que los otros, Judas estaba resuelto a obtenerlo, y se pensaba que este puesto era al lado de Cristo. Y Judas era traidor.” DTG 600.1
“Se había levantado otra causa de disensión. Era costumbre, en ocasión de una fiesta, que un criado lavase los pies de los huéspedes, y en esa ocasión se habían hecho preparativos para este servicio. La jarra, el lebrillo y la toalla estaban allí, listos para el lavamiento de los pies; pero no había siervo presente, y les tocaba a los discípulos cumplirlo. Pero cada uno de los discípulos, cediendo al orgullo herido, resolvió no desempeñar el papel de siervo. Todos manifestaban una despreocupación estoica, al parecer inconscientes de que les tocaba hacer algo. Por su silencio, se negaban a humillarse.” DTG 600.2
“¿Cómo iba Cristo a llevar a estas pobres almas adonde Satanás no pudiese ganar sobre ellas una victoria decisiva? ¿Cómo podría mostrarles que el mero profesar ser discípulos no los hacía discípulos, ni les aseguraba un lugar en su reino? ¿Cómo podría mostrarles que es el servicio amante y la verdadera humildad lo que constituye la verdadera grandeza? ¿Cómo habría de encender el amor en su corazón y habilitarlos para entender lo que anhelaba explicarles?” DTG 600.3
“Los discípulos no hacían ningún ademán de servirse unos a otros. Jesús aguardó un rato para ver lo que iban a hacer. Luego él, el Maestro divino, se levantó de la mesa. Poniendo a un lado el manto exterior que habría impedido sus movimientos, tomó una toalla y se ciñó. Con sorprendido interés, los discípulos miraban, y en silencio esperaban para ver lo que iba a seguir. “Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a limpiarlos con la toalla con que estaba ceñido.” Esta acción abrió los ojos de los discípulos. Amarga vergüenza y humillación llenaron su corazón. Comprendieron el mudo reproche, y se vieron desde un punto de vista completamente nuevo.” DTG 600.4
Lee nuevamente Lucas 22: 27. ¿Cuál es el mensaje clave de este texto para los seguidores de Cristo?
“No veían más que el trono, la corona y la gloria, cuando lo que tenían delante era el oprobio y la agonía del huerto, el pretorio y la cruz del Calvario. Era el orgullo de sus corazones, la sed de gloria mundana lo que les había inducido a adherirse tan tenazmente a las falsas doctrinas de su tiempo, y a no tener en cuenta las palabras del Salvador que exponían la verdadera naturaleza de su reino y predecían su agonía y muerte Y estos errores remataron en prueba—dura pero necesaria—que Dios permitió para escarmentarlos. Aunque los discípulos comprendieron mal el sentido del mensaje y vieron frustrarse sus esperanzas, habían predicado la amonestación que Dios les encomendara, y el Señor iba a recompensar su fe y honrar su obediencia confiándoles la tarea de proclamar a todas las naciones el glorioso evangelio del Señor resucitado. Y a fin de prepararlos para esta obra, había permitido que pasaran por el trance que tan amargo les pareciera.” CS 348.2
Lee Filipenses 2: 3 al 8. ¿Qué nos dice este texto acerca de cómo debemos vivir a la luz de la Cruz?
“Lo que el Señor señala en estas palabras es la sinceridad de propósito, la devoción indivisa a Dios. Si existe esta sinceridad de propósito, y no hay vacilación para percibir y obedecer la verdad a cualquier costo, se recibirá luz divina. La piedad verdadera comienza cuando cesa la transigencia con el pecado. Entonces la expresión del corazón será la del apóstol Pablo: “Una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”. “Aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo”.” DMJ 78.3
“Cuando la vista está cegada por el amor propio, hay solamente oscuridad. “Pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas”. Era ésta la oscuridad que envolvió a los judíos en obstinada incredulidad y los imposibilitó para comprender el carácter y la misión del que vino a salvarlos de sus pecados.” DMJ 78.4
Jesús nunca le pidió a alguien que aceptara su religión, sino que les pedía que lo “siguieran” para ser uno de sus discípulos. El príncipe joven rico no pudo seguir al Señor porque su corazón estaba centrado en sus propias riquezas. Y Nicodemo no pudo seguir al Señor porque él era muy orgulloso para ser visto en la compañía del impopular y odiado Jesús seguido por humildes pescadores.
Para quitar el impedimento, uno tenía que deshacerse de sus riquezas y el otro tenía que deshacerse de su orgullo. Para erradicar el orgullo uno tiene que nacer de nuevo, debe transformarse en un hombre nuevo. Pero para erradicar el amor al dinero uno debe dar su dinero a quien realmente lo necesita.
“Los grandes dirigentes del pensamiento religioso de esta generación hicieron sonar las alabanzas y edificaron los monumentos de aquellos que plantaron hace siglos la semilla de la verdad. ¿No se vuelven muchos de esta obra para pisotear el crecimiento que brota de la misma semilla hoy en día? Se repite el antiguo clamor: “Nosotros sabemos que a Moisés habló Dios, mas éste [Cristo en la persona del mensajero que envía] no sabemos de dónde es”.2Juan 9:29. Así como en los primeros siglos, las verdades especiales para este tiempo se hallan, no en posesión de las autoridades eclesiásticas, sino de los hombres y las mujeres que no son demasiado sabios o demasiado instruidos para creer en la palabra de Dios.” PVGM 57.1
““Porque mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, no muchos poderosos, no muchos nobles; antes lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo flaco del mundo escogió Dios, para avergonzar lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es”; “para que vuestra fe no esté fundada en sabiduría de hombres, mas en poder de Dios”.” PVGM 57.2