
“Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto.” RVR1960 — Colosenses 3:14
“En sus esfuerzos por alcanzar el ideal de Dios, el cristiano no debería desesperarse de ningún empeño. A todos es prometida la perfección moral y espiritual por la gracia y el poder de Cristo. El es el origen del poder, la fuente de la vida. Nos lleva a su Palabra, y del árbol de la vida nos presenta hojas para la sanidad de las almas enfermas de pecado. Nos guía hacia el trono de Dios, y pone en nuestra boca una oración por la cual somos traídos en estrecha relación con él. En nuestro favor pone en operación los todopoderosos agentes del cielo. A cada paso sentimos su poder viviente.” HAp 381.3
“Dios no fija límites al avance de aquellos que desean ser “llenos del conocimiento de su voluntad, en toda sabiduría y espiritual inteligencia.” Por la oración, la vigilancia y el desarrollo en el conocimiento y comprensión, son “corroborados de toda fortaleza, conforme a la potencia de su gloria.” Así son preparados para trabajar en favor de los demás. Es el propósito del Salvador que los seres humanos, purificados y santificados, sean sus ayudadores. Demos gracias por este gran privilegio a Aquel “que nos hizo aptos para participar de la suerte de los santos en luz: que nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo.”” HAp 381.4
Lee Colosenses 3: 1-4. ¿Qué condición es necesaria para tener una mentalidad celestial?
“Aquel que está determinado a entrar en el reino espiritual encontrará que todos los poderes y las pasiones de la naturaleza no regenerada, respaldadas por las fuerzas del reino de las tinieblas, están preparadas para atacarle. Cada día debe renovar su consagración, cada día debe batallar contra el pecado. Los hábitos antiguos, las tendencias hereditarias hacia el mal, se disputarán el dominio, y contra ellos debe siempre velar, apoyándose en el poder de Cristo para obtener la victoria.” HAp 380.2
“Escribió Pablo a los colosenses: “Amortiguad, pues, vuestros miembros que están sobre la tierra: ... en las cuales [cosas] vosotros también anduvisteis en otro tiempo viviendo en ellas. Mas ahora, dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, maledicencia, torpes palabras de vuestra boca.... Vestíos pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañas de misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de tolerancia; sufriéndoos los unos a los otros, y perdonándoos los unos a los otros si alguno tuviere queja del otro: de la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. Y sobre todas estas cosas vestíos de caridad, la cual es el vínculo de la perfección. Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la cual asimismo sois llamados en un cuerpo; y sed agradecidos.”” HAp 380.3
“La carta a los colosenses está llena de lecciones de gran valor para todos los que están ocupados en el servicio de Cristo, lecciones que muestran la sinceridad de propósito y la altura del blanco que será visto en la vida de aquel que representa correctamente a su Salvador. Renunciando a todo lo que pueda impedirle realizar progresos en el camino ascendente, o quiera hacer volver los pies de otros del camino angosto, el creyente revelará en su vida diaria misericordia, bondad, humildad, mansedumbre, tolerancia y el amor de Cristo.” HAp 381.1
Lee Colosenses 3: 5, 6 (ver también Rom. 6: 1-7). ¿Cómo experimentamos lo que significa estar muertos al yo y a lo terrenal y vivos para «las cosas de arriba» (Col. 3: 1)?
“Al tiempo de su conversión y bautismo, los creyentes de Colosas prometieron dejar a un lado creencias y prácticas que hasta entonces habían sido una parte de sus vidas, y ser constantes en su lealtad a Cristo. En su carta, Pablo les recordó esto, rogándoles que no olvidasen que, a fin de cumplir su voto, deberían hacer un esfuerzo constante contra los males que buscaban tener dominio sobre ellos. “Si habéis pues resucitado con Cristo—dijo,—buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque muertos sois, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.”” HAp 379.2
““De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” 2 Corintios 5:17. Por medio del poder de Cristo, los hombres y mujeres han roto las cadenas de los hábitos pecaminosos. Han renunciado al egoísmo. El profano se transformó en reverente, el borracho en sobrio, el libertino en puro. Almas que habían manifestado la semejanza de Satanás, han llegado a transformarse a la imagen de Dios. Este cambio, en sí mismo, es el milagro de los milagros. El cambio realizado por la Palabra es uno de los más profundos misterios de ella. No lo podemos entender; solamente podemos creerlo, como lo señalan las Escrituras: “Cristo en vosotros, la esperanza de gloria.”” HAp 379.3
“Cuando el Espíritu de Dios domina la mente y el corazón, el alma convertida prorrumpe en una nueva canción; porque ha reconocido que la promesa de Dios ha sido cumplida en su experiencia, que su transgresión ha sido perdonada, su pecado cubierto. Ha sentido arrepentimiento hacia Dios por la violación de su divina ley, y fe hacia Cristo, quien murió por la justificación del hombre. Justificado “pues por la fe” tiene “paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.” Romanos 5:1.” HAp 380.1
“El poder de una vida más elevada, pura y noble es nuestra gran necesidad. El mundo abarca demasiado de nuestros pensamientos, y el reino de los cielos demasiado poco.” HAp 381.2
Lee Colosenses 3: 6-11. ¿Cómo continúa Pablo su exposición?
“Estáis muertos a los deseos carnales, muertos a las pasiones feroces y ardientes que consumen el amor y la dulzura, la bondad y la cortesía cristiana. No basta con que el cristiano diga: «Una vez me convertí». Demasiados cristianos basan su fe y su esperanza no en la experiencia presente, no en lo que son ahora, sino en lo que eran cuando profesaron por primera vez a Cristo. A menos que la conversión nos lleve a un nuevo estado ante Dios, transformando todo nuestro ser, ¿de qué nos sirve? El hombre que ha nacido de nuevo puede decir: Las cosas viejas, el temperamento rápido e impaciente, el odio, la envidia, la venganza, el espíritu de represalia, el orgullo del corazón, toda emulación, la búsqueda de la supremacía, serán vencidas, serán vaciadas de mi corazón y no se verán en mi vida.” 2LtMs, Ms 2, 1875, par. 10
“¿Acaso el hombre y la mujer convertidos no tendrán tentaciones de hablar y actuar mal? Tendrá un diablo tentador siguiéndole los pasos continuamente, y deberá armarse con fe y oración para resistirlo. Habrá una fuerte corriente subterránea en contra de la cual deberá luchar, que corre rápidamente para llevarlo de vuelta a su antiguo estado de pecado, para satisfacer las pasiones naturales del corazón no renovado. Ningún corazón puede mantenerse puro sin ser constantemente salpicado con la gracia divina. Ningún hombre puede permanecer convertido a menos que vigile en oración, mantenga su alma firmemente unida a Cristo, confiando en Él en todo momento, forzando su paso hacia el cielo contra la corriente de las indulgencias pecaminosas, remando contra el viento y la marea, utilizando ambos remos: la fe y las obras. La conversión consiste en poner todas nuestras fuerzas al servicio del Salvador, que ha dejado su majestad, su honor y sus riquezas, y ha venido al mundo para salvar al hombre. Él lo amó con un amor infinito. Dio su vida por el hombre pobre y rebelde. ¿Qué más podría hacer Dios por la humanidad de lo que ya ha hecho? ¿Qué hará ahora el hombre por su parte, en su propio nombre y por la salvación de sus semejantes, para demostrar que aprecia el sacrificio hecho y la misericordia que se le ha concedido? ¿No se aferrará, en vista de este gran amor y misericordia infinita, al Salvador con una fidelidad constante y perseverante?” 2LtMs, Ms 2, 1875, par. 11
¿Qué quiere decir Pablo cuando contrasta el «viejo hombre» con el «hombre nuevo»? Ver Romanos 6: 6 y Efesios 4: 22-24.
“Una gran responsabilidad recae sobre aquellos que han sido bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Esfuércense por comprender el significado de las palabras: «Estáis muertos, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios». En la nueva vida en la que han entrado, se han comprometido a representar la vida de Cristo. Habiéndose revestido del nuevo hombre, «que se renueva en conocimiento a imagen de Aquel que lo creó»,” 19MR 236.1
“Aquellos que eligen convertirse en miembros de la familia real, hijos del Rey celestial, deben revelar su elección armonizando sus palabras y acciones con los principios que defienden. Hermano mío, hermana mía, ¿está el reino de Dios entronizado en tu corazón por la presencia de Cristo que mora allí? ¿O sigue siendo el yo un poder dominante en tu interior? ¿De quién eres súbdito? Si un espíritu egoísta sigue manteniéndote alejado del servicio de Cristo, ora: «Venga tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo».” 18MR 105.1
Lee Colosenses 3: 12-14. ¿Cómo se describe a los creyentes y cómo se relaciona esto con las cualidades con las que deben «vestirse»?
“Las palabras son directas, sencillas y sin adornos. Nadie tiene por qué caer en la trampa que Satanás ha tendido a los incautos. Que aquellos que desean ser como Cristo oren con fe y velando en oración, y luego, creyendo, canten sus cánticos de alabanza y acción de gracias.” 20LtMs, Lt 225, 1905, par. 13
“El Señor Jesús ve a sus creyentes profesos asociados en la iglesia, pero no todos ellos tienen la verdad. No todos ellos son obedientes a los mandamientos. En muchos casos hay quienes se han apartado del camino. Si estos hubieran seguido conociendo al Señor, habrían discernido la intensidad del amor que Dios tiene por cada alma. «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna». «Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo odia la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. Pero el que practica la verdad viene a la luz, para que sus obras sean manifestadas, que son hechas en Dios». [Juan 3:16-21.]” 20LtMs, Lt 225, 1905, par. 14
“Qué gran tarea tenemos ante nosotros. No podemos ver el final desde el principio. Debemos seguir adelante para conocer al Señor, paso a paso. Él nos guía y nos dará más luz.” 20LtMs, Lt 225, 1905, par. 15
“Hay quienes necesitan hacer un cambio decisivo en sus vidas. No han estado siguiendo el camino de la verdad y la rectitud. Su interés por la obra de Dios ha disminuido y su devoción ha desaparecido, porque no han seguido los consejos de Dios, sino que, en muchos aspectos, han seguido los pasos del mundo. No han mantenido sus pensamientos puros, limpios y santos. No están rodeados de esa fragante influencia espiritual que los caracterizaría como personas que aman a Dios y guardan sus mandamientos.” 20LtMs, Lt 225, 1905, par. 16
“Podrán liberarse de la trampa del enemigo si se dan cuenta de que están transgrediendo la ley de Dios y se arrepienten ante Dios y Jesucristo. Cuando sus percepciones espirituales se reaviven, verán que no han honrado a Dios como lo exige su ley. Dios les dice: «Vuestras percepciones necesitan el refinamiento de la gracia divina, para que puedan ser purificadas de toda mancha de impureza en pensamiento, palabra u obra».” 20LtMs, Lt 225, 1905, par. 17
Lee Colosenses 3: 16, 17. ¿Qué es lo que permite a Cristo tener el control y qué papel desempeña la música en todo esto?
“La antigua vida pecaminosa ha muerto, y la nueva vida ha comenzado con Cristo mediante el compromiso del bautismo. Practica las virtudes del carácter del Salvador. Deja que Su palabra «habite en ti abundantemente en toda sabiduría, enseñándoos y exhortándoos unos a otros con salmos, himnos y cánticos espirituales, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor. Y todo lo que hagáis, de palabra o de obra, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de Él» [versículos 16, 17].” 19MR 236.2
“Estas cosas deben ser presentadas en las iglesias. El amor, la compasión y la ternura deben ser revelados entre nosotros. Revestíos, como elegidos de Dios, de misericordia y bondad. Los pecados que se practicaban antes de la conversión deben ser despojados con el viejo hombre. Con el nuevo hombre, Cristo Jesús, hay que revestirse de «bondad, humildad de espíritu, mansedumbre, paciencia».” 19MR 236.3
“Los que han resucitado con Cristo para caminar en novedad de vida son los elegidos de Dios. Son santos para el Señor, y Él los reconoce como sus amados. Como tales, están bajo un pacto solemne de distinguirse mostrando humildad de espíritu. Deben vestirse con ropas de justicia. Están separados del mundo, de su espíritu, de sus prácticas, y deben revelar que están aprendiendo de Aquel que dice: «Soy manso y humilde de corazón». Si se dan cuenta de que han muerto con Cristo, si mantienen su voto bautismal, el mundo no tendrá poder para apartarlos y hacerles negar a Cristo. Si viven la vida de Cristo en este mundo, son partícipes de la naturaleza divina. Entonces, cuando Cristo, que es nuestra vida, aparezca, ellos también aparecerán con Él en gloria.” 19MR 236.4
“El pueblo de Dios debe amar como hermanos y hermanas. Deben ser amables y corteses. Deben perdonarse unos a otros como Cristo los ha perdonado. Deben seguir Su ejemplo en todas las cosas, porque su vida está escondida con Él en Dios. Hermanos y hermanas míos, consideren las posibilidades de tal vida. La unidad cristiana es algo grandioso y maravilloso. Luchen por ella. «Como aquel que los llamó es santo, sean santos también ustedes en toda su conducta, porque está escrito: "Sean santos, porque yo soy santo..." Puesto que habéis purificado vuestras almas en la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para amar sinceramente a los hermanos, amaos fervientemente los unos a los otros con corazón puro, habiendo nacido de nuevo, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios, que vive y permanece para siempre» [1 Pedro 1:15, 22, 23].” 19MR 237.1
“Hermanos y hermanas míos, ¿no vais a prestar atención a esta súplica? Mientras la lee a los miembros de las distintas iglesias aquel que ocupará mi lugar, ya que yo no puedo estar con vosotros personalmente, que los creyentes respondan. Inclinaos ante Dios y confesad vuestra apostasía. Aceptad con humildad las palabras de Cristo: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame» [Mateo 16:24]. «Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es fácil y mi carga ligera» [Mateo 11:29, 30].” 19MR 237.2
“Necesitamos trabajar unidos y con Cristo, para que no nos alejemos de la fe. Por la noche, pronuncié estas palabras ante las iglesias de Melbourne, insistiendo en la necesidad de prepararse para la venida de Cristo. Ahora debemos ser muy sinceros, porque hemos perdido mucho tiempo al no haber escondido nuestras vidas con Cristo en Dios. Mientras presentaba estas cosas, se sintió la profunda emoción del Espíritu de Dios y la luz entró en la reunión. Se hicieron humildes confesiones. Algunos que al principio parecían indiferentes, se derrumbaron y confesaron sus pecados, y comenzó una reforma.” 19MR 238.1
“Te escribo estas cosas porque creo que te ayudarán a salir de la oscuridad y entrar en la luz.—Carta 32, 1907.” 19MR 238.2