
“Volveos a la fortaleza, oh prisioneros de esperanza; hoy también os anuncio que os restauraré el doble.” RVR1960 — Zacarías 9:12
“Habían pasado algunos años desde que el pueblo se había establecido definitivamente en sus posesiones, y ya se podían ver brotar los mismos males que hasta entonces habían atraído castigos sobre Israel. Al percatarse Josué de que los achaques de la vejez le invadían sigilosamente y que pronto su obra terminaría, se llenó de ansiedad por el futuro de su pueblo. Con interés más que paternal se dirigió a ellos cuando estuvieron reunidos una vez más alrededor de su anciano jefe.Les dijo: “Habéis visto todo lo que Jehová, vuestro Dios, ha hecho con todas estas naciones por vuestra causa, pues Jehová, vuestro Dios, es quien ha peleado por vosotros”. Aunque los cananeos habían sido subyugados, seguían poseyendo una porción considerable de la tierra prometida a Israel, y Josué exhortó a su pueblo a no establecerse cómodamente y a no olvidar el mandamiento del Señor de desalojar totalmente a aquellas naciones idólatras. PP 499.2-499.3
“El pueblo en general tardaba mucho en completar la obra de expulsar a los paganos. Las tribus se habían dispersado para ocupar sus posesiones, el ejército había sido disuelto, y se miraba como empresa difícil y dudosa el reanudar la guerra. Pero Josué declaró: “Jehová, vuestro Dios, las echará de delante de vosotros, las expulsará de vuestra presencia y vosotros poseeréis sus tierras, como Jehová, vuestro Dios, os ha dicho. Esforzaos, pues, mucho en guardar y hacer todo lo que está escrito en el libro de la ley de Moisés, sin apartaros de ello ni a la derecha ni a la izquierda”.” PP 500.1
Lee Génesis 2: 15; 3: 17-24. ¿Cuáles fueron las consecuencias de la Caída en relación con el espacio vital de la primera pareja humana?
“Después de su pecado, Adán y Eva no pudieron seguir morando en el Edén. Suplicaron fervientemente a Dios que les permitiera permanecer en el hogar de su inocencia y regocijo. Confesaron que habían perdido todo derecho a aquella feliz morada, y prometieron prestar estricta obediencia a Dios en el futuro. Pero se les dijo que su naturaleza se había depravado por el pecado, que había disminuido su poder para resistir al mal, y que habían abierto la puerta para que Satanás tuviera más fácil acceso a ellos. Si siendo inocentes habían cedido a la tentación; ahora, en su estado de consciente culpabilidad, tendrían menos fuerza para mantener su integridad. PP 40.4
Con humildad e inenarrable tristeza se despidieron de su bello hogar, y fueron a morar en la tierra, sobre la cual descansaba la maldición del pecado. La atmósfera, de temperatura antes tan suave y uniforme, estaba ahora sujeta a grandes cambios, y misericordiosamente, el Señor les proveyó de vestidos de pieles para protegerlos de los extremos del calor y del frío. PP 41.1
¿Cómo percibieron los patriarcas la promesa de la tierra? (Ver Gén. 13: 14, 15; 26: 3, 24; 28: 13). ¿Qué significa para nosotros, como adventistas, vivir como herederos de las promesas (Heb. 6: 11-15)?
“El Señor se dignó concertar un pacto con su siervo, empleando las formas acostumbradas entre los hombres para la ratificación de contratos solemnes. En conformidad con las indicaciones divinas, Abraham sacrificó una novilla, una cabra y un carnero, cada uno de tres años de edad, dividió cada cuerpo en dos partes y colocó las piezas a poca distancia la una de la otra. Añadió una tórtola y un palomino, que no fueron partidos. Hecho esto, Abraham pasó reverentemente entre las porciones del sacrificio, e hizo un solemne voto a Dios de obediencia perpetua.Atenta y constantemente permaneció al lado de los animales partidos, hasta la puesta del sol, para que no fueran profanados o devorados por las aves de rapiña. Al atardecer se durmió profundamente; y “el temor de una gran oscuridad cayó sobre él”. Génesis 15:12. Y oyó la voz de Dios diciéndole que no esperara la inmediata posesión de la tierra prometida, y anunciándole los sufrimientos que su posteridad tendría que soportar antes de tomar posesión de Canaán. Le fue revelado el plan de redención, en la muerte de Cristo, el gran sacrificio, y su venida en gloria. También vio Abraham la tierra restaurada a su belleza edénica, que se le daría a él para siempre, como pleno y final cumplimiento de la promesa. PP 116.1-116.2
Lee Éxodo 3: 8; Levítico 20: 22; 25: 23; Números 13: 27; Deuteronomio 4: 1, 25, 26; 6: 3; Salmo 24: 1. ¿Qué relación especial existía entre Dios, Israel y la Tierra Prometida?
“Como garantía de este pacto de Dios con el hombre, “apareció un horno humeante y una antorcha de fuego que pasaba por entre los animales divididos” y aquellos símbolos de la presencia divina consumieron completamente las víctimas. Y otra vez oyó Abraham una voz que confirmaba la dádiva de la tierra de Canaán a sus descendientes, “desde el río de Egipto hasta el río grande, el Éufrates”. Vers. 18.” PP 116.3
“Cuando los hijos de Israel acampaban en los límites de la tierra prometida, no bastaba que tuvieran conocimiento de Canaán ni que entonaran los himnos de Canaán. Esto solo no les daría posesión de los viñedos y olivares de la buena tierra. Tan sólo podían hacerla suya en verdad ocupándola, cumpliendo las condiciones, ejerciendo una fe viva en Dios, y aplicando las promesas a sí mismos mientras obedecían sus instrucciones.” DMJ 125.2
“Antes de abandonar su puesto como jefe visible de Israel, Moisés recibió la orden de repetirle la historia de su liberación de Egipto y de sus peregrinaciones a través de los desiertos, como también de darle una recapitulación de la ley promulgada desde el Sinaí. Cuando se entregó la ley, eran pocos los miembros de la congregación presente que tenían suficiente edad para comprender la terrible y grandiosa solemnidad de la ocasión. Como pronto iban a cruzar el Jordán y tomar posesión de la tierra prometida, Dios quería presentarles las exigencias de su ley, e imponerles la obediencia como condición previa para obtener prosperidad.” PP 440.3
“El Señor había cumplido fielmente, por su parte, la promesa hecha a Israel; Josué había quebrantado el poderío de los cananeos y había distribuido la tierra entre las tribus. A estas solo les quedaba confiar en la seguridad de la ayuda divina y completar la tarea de desalojar a los habitantes de la tierra. Pero no lo hicieron. Aliándose con los cananeos, violaron abiertamente el mandamiento de Dios, y así dejaron de cumplir la condición bajo la cual les había prometido ponerlos en posesión de Canaán.” PP 527.2
Lee Josué 13: 1-7. Aunque la tierra de Canaán fue un regalo de Dios, ¿cuáles fueron algunos de los desafíos que supuso poseerla?
“Una a una fueron conquistadas las ciudades y Hasor, la gran fortaleza de la confederación, fue quemada. La guerra continuó durante varios años, pero cuando terminó Josué se había adueñado de Canaán. “Y la tierra descansó de guerra”.” PP 488.2
“Pero a pesar de que había sido quebrantado el poderío de los cananeos, estos no fueron completamente despojados. Hacia el oeste los filisteos seguían poseyendo una llanura fértil a lo largo de la costa, mientras que al norte de ellos estaba el territorio de los sidonios. Estos tenían también el Líbano; y por el sur, hacia Egipto, la tierra seguía ocupada por los enemigos de Israel. PP 488.3
“Sin embargo, Josué no debía de continuar la guerra. Había otra obra que el gran jefe debía hacer antes de dejar el mando de Israel. Toda la tierra, tanto las partes ya conquistadas como las aun no subyugadas, tenía que repartirse entre las tribus. Y a cada tribu le tocaba subyugar completamente su propia heredad. Con tal que el pueblo fuera fiel a Dios, él expulsaría a sus enemigos de delante de ellos; y prometió darles posesiones todavía mayores si tan solo eran fieles a su pacto. La distribución de la tierra fue encomendada a Josué, a Eleazar, sumo sacerdote, y a los jefes de las tribus, para fijar por suertes la situación de cada tribu. Moisés mismo había fijado las fronteras del país según se lo había de dividir entre las tribus cuando entraran en posesión de Canaán, y había designado un príncipe de cada tribu para que diera atención a la distribución. Por estar la tribu de Leví dedicada al servicio del santuario, no se la tomó en cuenta en esta repartición; pero se les asignaron a los levitas cuarenta y ocho ciudades en diferentes partes del país como su herencia.” PP 488.4
Lee Levítico 25: 1-5, 8-13. ¿Cuál era la finalidad del año sabático y del jubileo?
“En el plan de Dios para Israel, cada familia tenía su propia casa en suficiente tierra de labranza. De este modo quedaban asegurados los medios y el incentivo para hacer posible una vida provechosa, laboriosa e independiente. Y ninguna especulación humana ha mejorado jamás semejante plan. Al hecho de que el mundo se apartó de él, se debe en gran parte la pobreza y la miseria que imperan hoy. MC 138.3
“Al establecerse Israel en Canaán, la tierra fué repartida entre todo el pueblo, menos los levitas que, en calidad de ministros del santuario, quedaban exceptuados de la repartición. Las tribus fueron empadronadas por familias, y a cada familia, según el número de sus miembros, le fué concedida una heredad. MC 139.1
“Y si bien era cierto que uno podía enajenar su posesión por algún tiempo, no podía, sin embargo, deshacerse definitivamente de ella en perjuicio de la herencia de sus hijos. En cuanto pudiese rescatar su heredad, le era lícito hacerlo en cualquier momento. Las deudas eran perdonadas cada séptimo año, y cada cincuenta años, o sea en ocasión del jubileo, todas las fincas volvían a sus primitivos dueños. MC 139.2
“La tierra no se venderá rematadamente—mandó el Señor,—porque la tierra mía es; que vosotros peregrinos y extranjeros sois para conmigo. Por tanto, en toda la tierra de vuestra posesión, otorgaréis redención a la tierra. Cuando tu hermano empobreciere, y vendiere algo de su posesión, vendrá el rescatador, su cercano, y rescatará lo que su hermano hubiere vendido. Y cuando el hombre ... hallare lo que basta para su rescate, ... volverá a su posesión. Mas si no alcanzare su mano lo que basta para que vuelva a él, lo que vendió estará en poder del que lo compró hasta el año del jubileo.” MC 139.3
““Santificaréis el año cincuenta, y pregonaréis libertad en la tierra a todos sus moradores: éste os será jubileo; y volveréis cada uno a su posesión, y cada cual volverá a su familia.” Levítico 25:23-28, 10. MC 139.4
“De este modo cada familia quedaba segura de su posesión, y había una salvaguardia contra los extremos, tanto de la riqueza como de la pobreza.” MC 139.5
Lee Jeremías 24: 6; 31: 16; Ezequiel 11: 17; 28: 25; 37: 14, 25. ¿Cuál fue la promesa de Dios acerca del regreso de Israel a la Tierra Prometida y cómo se cumplió?
Jer. 31:7, 8 – “Porque así ha dicho el Señor: Regocijaos en Jacob con alegría, y dad voces de júbilo a la cabeza de naciones; haced oír, alabad, y decid: ¡Oh! Señor, salva a tu pueblo, el remanente de Israel. He aquí yo los hago volver de la tierra del norte, y los reuniré de los fines de la tierra, y entre ellos ciegos y cojos, la mujer que está encinta y la que dio a luz juntamente; en grande compañía volverán acá.”
Jeremías revela que la congregación a Judá será de los cuatro rincones de la tierra. Verdaderamente, Jeremías, Moisés e Isaías, los tres hablan lo mismo sobre el tema. La pregunta es ¿Creen ustedes lo que ellos dicen? Si no lo ven así, ¿son mejores ustedes que lo que fueron los judíos?
Lee Ezequiel 36:17-27:
¿Qué más podría decir la Inspiración para que el asunto sea más claro? Dios clara y solemnemente promete recrear y reedificar el reino antiguo y establecerlo en su propia tierra. Él ha de hacer esto después que Judá e Israel están esparcidos entre las naciones gentiles y asimilados por ellas – después que hayan perdido su identidad racial, entonces como cristianos, y no como judíos, Él ha de recogerlos de los cuatro rincones de la tierra y traerlos a su propia tierra. (Y además, las Escrituras enseñan que son como la arena del mar). Noten que Él ha de efectuar esto, no porque sean dignos, no porque hayan sido buenos antes o durante su dispersión entre los gentiles, sino porque Él está deseoso de santificar su propio nombre entre los paganos.
Además de esto, después de que Él los congregue de todos los países y los traiga a su propia tierra, entonces promete limpiarlos eternamente de todas sus inmundicias y de su idolatría, –quitar todos los defectos que el pecado haya formado en ellos. Entonces es que Él les da un corazón nuevo, pone su Espíritu dentro de ellos y los capacita para que guarden sin falta todos sus juicios. Observen detenidamente que a pesar de nuestras ideas y opiniones, todas estas cosas se llevan a cabo después de que el pueblo de Dios regrese a la tierra de sus padres.
Los 144,000 descendientes de Jacob, cuyos padres fueron asimilados por las naciones gentiles y quienes así por los siglos perdieron su identidad racial, son las primicias, los primeros para ser recogidos a Judá. Ellos son los que están sobre “el Monte de Sion con el Cordero,” Apoc. 14:1. Los descendientes de los judíos, que eran fieles y quienes componían la primera iglesia cristiana, y quienes también perdieron su identidad nacional por llamarse cristianos (Hechos 11:26), también han de ser recogidos y traídos de todas partes a Judá.
Finalmente, si estas profecías no han de cumplirse, como el ángel de la iglesia de Laodicea supone, y si el pueblo de Dios no ha de regresar a su tierra natal, entonces, ¿cómo serán limpiados algún día de sus inmundicias puesto que esta purificación ha de realizarse allí solamente? ¿Cómo serán alguna vez cambiados sus corazones? ¿Y qué es lo que los capacitará para guardar sus estatutos y juicios a menos que, como está prometido, con anterioridad reciban su Espíritu en la tierra prometida? De hecho, si estas profecías fallaran en su cumplimiento, ¿cómo será entonces posible para el pueblo de Dios el mantenerse firme ante un Dios puro y santo? ¿Cómo podrían ellos alguna vez obtener la inmortalidad y estar listos para la traslación si no cumplen con las profecías, con la voluntad expresa de Dios y con el plan para su pueblo? Y si ellos ignoran estas profecías, el cumplimiento del cual es durante el juicio para los vivos, la cosecha, el tiempo de recogimiento, ¿qué oportunidad tienen de sobrevivir al día del Señor grande y terrible?
Para ser más específico, si la denominación fracasa en reconocer y aceptar estas promesas, entonces ¿a dónde serán conducidos los laicos de aquí en adelante? Seguramente no al Reino si los dirigentes no creen en él. ¿Cree ahora en Moisés, en Isaías y Ezequiel? ¿O todavía prefiere creer en las fábulas inventadas por los hombres?
“Los hijos de Israel debían ocupar todo el territorio que Dios les había señalado. Las naciones que habían rehusado adorar y servir al Dios verdadero, debían ser despojadas…A medida que aumentase el número de los israelitas, debían ensanchar sus términos, hasta que su reino abarcase el mundo entero.” PR 13.5
“la historia del llamamiento dirigido a Israel, sus éxitos y fracasos, cómo recobró el favor divino, cómo rechazó al Señor de la viña y cómo el plan secular será realizado por un remanente piadoso en favor del cual se cumplirán todas las promesas del pacto. Y hoy el mensaje de Dios a su iglesia, a aquellos que se ocupan en su viña como fieles labradores, no es otro que el dado por el profeta antiguo: “En aquel día cantad de la viña del vino rojo. Yo Jehová la guardo, cada momento la regaré; guardaréla de noche y de día, porque nadie la visite.”. Isaías 27:2, 3” PR 15.3
“Lo que Dios quiso hacer en favor del mundo por Israel, la nación escogida, lo realizará finalmente mediante su iglesia que está en la tierra hoy. Ya dió “su viña ... a renta a otros labradores,” a saber a su pueblo guardador del pacto, que le dará fielmente “el fruto a sus tiempos.” Nunca ha carecido el Señor en esta tierra de representantes fieles, que consideraron como suyos los intereses de él. Estos testigos de Dios se cuentan entre el Israel espiritual, y se cumplirán en su favor todas las promesas del pacto que hizo Jehová con su pueblo en la antigüedad.” PR 526.4