“Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.” RVR1960 — Hebreos 11:1
“Es peligroso considerar que la justificación por la fe pone mérito en la fe. Cuando aceptamos la justicia de Cristo como un regalo, somos justificados gratuitamente mediante la redención de Cristo. ¿Qué es fe? “La certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”. Hebreos 11:1. Es el asentimiento de la mente a las palabras de Dios, que ciñe el corazón en voluntaria consagración y servicio a El, quien dio el entendimiento, enterneció el corazón, y tomó la iniciativa para atraer la mente a fin de que contemplara a Cristo en la cruz del Calvario. La fe es rendir a Dios las facultades intelectuales, entregarle la mente y la voluntad, y hacer de Cristo la única puerta para entrar en el reino de los cielos.” FO 24.2
“Cuando los hombres comprenden que no pueden ganar la justificación por los méritos de sus propias obras, y con firme y completa confianza miran a Cristo como su única esperanza, no hay en sus vidas tanto del yo y tan poco de Jesús. Las almas y los cuerpos están corrompidos y contaminados por el pecado, el corazón está alejado de Dios; sin embargo, muchos luchan con su propia fuerza finita para ganar la salvación mediante buenas obras. Piensan que Jesús obrará parte de la salvación, pero que ellos deben hacer el resto. Los tales necesitan ver por fe la justicia de Cristo como su única esperanza para el tiempo y la eternidad.” FO 24.3
En la época de Jesús, la gente quería una señal de que Jesús era realmente el Hijo de Dios a pesar de que habían sido testigos de muchas señales de ello. ¿Cómo respondió Jesús? (Ver Mar. 8: 11, 12).
“Cada milagro que Cristo realizaba era una señal de su divinidad. El estaba haciendo la obra que había sido predicha acerca del Mesías, pero para los fariseos estas obras de misericordia eran una ofensa positiva. Los dirigentes judíos miraban con despiadada indiferencia el sufrimiento humano. En muchos casos, su egoísmo y opresión habían causado la aflicción que Cristo aliviaba. Así que sus milagros les eran un reproche.” DTG 373.3
“Lo que indujo a los judíos a rechazar la obra del Salvador era la más alta evidencia de su carácter divino. El mayor significado de sus milagros se ve en el hecho de que eran para bendición de la humanidad. La más alta evidencia de que él provenía de Dios estriba en que su vida revelaba el carácter de Dios. Hacía las obras y pronunciaba las palabras de Dios. Una vida tal es el mayor de todos los milagros.” DTG 373.4
“Cuando se presenta el mensaje de verdad en nuestra época, son muchos los que, como los judíos, claman: Muéstrenos una señal. Realice un milagro. Cristo no ejecutó milagro a pedido de los fariseos. No hizo milagro en el desierto en respuesta a las insinuaciones de Satanás. No nos imparte poder para justificarnos a nosotros mismos o satisfacer las demandas de la incredulidad y el orgullo. Pero el Evangelio no queda sin una señal de su origen divino. ¿No es acaso un milagro que podamos libertarnos de la servidumbre de Satanás? La enemistad contra Satanás no es natural para el corazón humano; es implantada por la gracia de Dios. Cuando el que ha estado dominado por una voluntad terca y extraviada queda libertado y se entrega de todo corazón a la atracción de los agentes celestiales de Dios, se ha realizado un milagro; así también ocurre cuando un hombre que ha estado bajo un engaño poderoso, llega a comprender la verdad moral. Cada vez que un alma se convierte y aprende a amar a Dios y a guardar sus mandamientos, se cumple la promesa de Dios: “Y os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros.”2Ezequiel 36:26. El cambio verificado en los corazones humanos, la transformación del carácter humano, es un milagro que revela a un Salvador que vive eternamente y obra para rescatar a las almas. Una vida consecuente en Cristo es un gran milagro. En la predicación de la Palabra de Dios, la señal que debe manifestarse ahora y siempre es la presencia del Espíritu Santo para hacer de la Palabra un poder regenerador para quienes la oyen. Tal es el testimonio que de la divina misión de su Hijo Dios da ante al mundo.” DTG 374.1
“Los que deseaban obtener una señal de Jesús habían endurecido de tal manera su corazón en la incredulidad que no discernían en el carácter de él la semejanza de Dios. No querían ver que su misión cumplía las Escrituras. En la parábola del rico y Lázaro, Jesús dijo a los fariseos: “Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán, si alguno se levantare de los muertos.”3Lucas 16:31. Ninguna señal que se pudiese dar en el cielo o en la tierra los habría de beneficiar.” DTG 374.2
Compara la fe de los discípulos, que describió Jesús en Marcos 4: 40, con la de la mujer en Mateo 15: 21 al 28.
“Así como Jesús reposaba por la fe en el cuidado del Padre, así también hemos de confiar nosotros en el cuidado de nuestro Salvador. Si los discípulos hubiesen confiado en él, habrían sido guardados en paz. Su temor en el tiempo de peligro reveló su incredulidad. En sus esfuerzos por salvarse a sí mismos, se olvidaron de Jesús; y únicamente cuando desesperando de lo que podían hacer, se volvieron a él, pudo ayudarles.” DTG 303.1
“El Salvador está satisfecho. Ha probado su fe en él. Por su trato con ella, ha demostrado que aquella que Israel había considerado como paria, no es ya extranjera sino hija en la familia de Dios. Y como hija, es su privilegio participar de los dones del Padre. Cristo le concede ahora lo que le pedía, y concluye la lección para los discípulos. Volviéndose hacia ella con una mirada de compasión y amor, dice: “Oh mujer, grande es tu fe; sea hecho contigo como quieres.” Desde aquella hora su hija quedó sana. El demonio no la atormentó más. La mujer se fué, reconociendo a su Salvador y feliz por haber obtenido lo que pidiera.” DTG 367.3
Lee Lucas 7: 1 al 10. ¿Qué aprendemos de este relato acerca de la fe?
“Los ancianos judíos que recomendaron el centurión a Cristo habían demostrado cuánto distaban de poseer el espíritu del Evangelio. No reconocían que nuestra gran necesidad es lo único que nos da derecho a la misericordia de Dios. En su propia justicia, alababan al centurión por los favores que había manifestado a “nuestra nación.” Pero el centurión dijo de sí mismo: “No soy digno.” Su corazón había sido conmovido por la gracia de Cristo. Veía su propia indignidad; pero no temió pedir ayuda. No confiaba en su propia bondad; su argumento era su gran necesidad. Su fe echó mano de Cristo en su verdadero carácter. No creyó en él meramente como en un taumaturgo, sino como en el Amigo y Salvador de la humanidad.” DTG 283.2
“Así es como cada pecador puede venir a Cristo. “No por obras de justicia que nosotros habíamos hecho, mas por su misericordia nos salvó.”2Tito 3:5. Cuando Satanás nos dice que somos pecadores y que no podemos esperar recibir la bendición de Dios, digámosle que Cristo vino al mundo para salvar a los pecadores. No tenemos nada que nos recomiende a Dios; pero la súplica que podemos presentar ahora y siempre es la que se basa en nuestra falta absoluta de fuerza, la cual hace de su poder redentor una necesidad. Renunciando a toda dependencia de nosotros mismos, podemos mirar la cruz del Calvario y decir:” DTG 283.3
““Ningún otro asilo hay,
indefenso acudo a ti.”” DTG 284.1
“Desde la niñez, los judíos habían recibido instrucciones acerca de la obra del Mesías. Habían tenido las inspiradas declaraciones de patriarcas y profetas, y la enseñanza simbólica de los sacrificios ceremoniales; pero habían despreciado la luz, y ahora no veían en Jesús nada que fuese deseable. Pero el centurión, nacido en el paganismo y educado en la idolatría de la Roma imperial, adiestrado como soldado, aparentemente separado de la vida espiritual por su educación y ambiente, y aun más por el fanatismo de los judíos y el desprecio de sus propios compatriotas para con el pueblo de Israel, percibió la verdad a la cual los hijos de Abrahán eran ciegos. No aguardó para ver si los judíos mismos recibirían a Aquel que declaraba ser su Mesías. Al resplandecer sobre él “la luz verdadera, que alumbra a todo hombre que viene a este mundo,”3Juan 1:9. aunque se hallaba lejos, había discernido la gloria del Hijo de Dios.” DTG 284.2
¿Qué dice Efesios 2: 8 acerca del papel de la fe en la salvación? ¿Por qué no es posible decir: «No tengo fe porque Dios no me la ha dado»?
“Es precioso el pensamiento de que la justicia de Cristo nos es imputada, no por ningún mérito de nuestra parte, sino como don gratuito de Dios. El enemigo de Dios y del hombre no quiere que esta verdad sea presentada claramente; porque sabe que si la gente la recibe plenamente, habrá perdido su poder sobre ella. Si consigue dominar las mentes de aquellos que se llaman hijos de Dios, de modo que su experiencia esté formada de duda, incredulidad y tinieblas, logrará vencerlos con la tentación.” OE 169.1
“Esta fe sencilla, que acepta al pie de la letra lo que Dios dice, debe ser estimulada. El pueblo de Dios debe poseer la clase de fe que se ase del poder divino; “porque por gracia sois salvos por la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios.” Aquellos que creen que por amor de Cristo, Dios ha perdonado sus pecados, no deben, por causa de la tentación, dejar de seguir peleando la buena batalla de la fe. Su fe debe volverse cada vez más fuerte hasta que su vida cristiana, como sus palabras, declare: “La sangre de Jesucristo ... nos limpia de todo pecado.”” OE 169.2
“A menudo se levanta la pregunta: ¿Por qué, entonces, hay tantos que pretenden creer en la Palabra de Dios, en los cuales no se ve una reforma en las palabras, en el espíritu y en el carácter? ¿Por qué hay tantos que no pueden soportar la oposición a sus propósitos y planes, que manifiestan un temperamento no santificado, y cuyas palabras son ásperas, despóticas y apasionadas? Se ve en ellos el mismo amor al yo, la misma indulgencia egoísta, el mismo mal genio y lenguaje precipitado que se notan en la vida de los mundanos. Existe el mismo orgullo sensible, la misma concesión a la inclinación natural, la misma perversidad de carácter que si la verdad fuera completamente desconocida para ellos. La razón es que no están convertidos. No han escondido la levadura de la verdad en su corazón. No ha habido oportunidad para que ella realizara su obra. Sus tendencias naturales y cultivadas a hacer lo malo no han sido sometidas a su poder transformador. Sus vidas revelan la ausencia de la gracia de Cristo, una falta de fe en su poder para transformar el carácter.” PVGM 71.1
““La fe es por el oír; y el oír por la palabra de Dios”.4Romanos 10:17. Las Escrituras constituyen el gran agente en la transformación del carácter. Cristo oró: “Santifícalos en tu verdad: tu palabra es verdad”.5Juan 17:17. Si se la estudia y obedece, la Palabra de Dios obra en el corazón, subyugando todo atributo no santificado. El Espíritu Santo viene a convencer del pecado, y la fe que nace en el corazón obra por amor a Cristo, y nos conforma en cuerpo, alma y espíritu a su propia imagen. Entonces Dios puede usarnos para hacer su voluntad. El poder que se nos da obra desde adentro hacia afuera, induciéndonos a comunicar a otros la verdad que nos ha sido transmitida.” PVGM 71.2
Dedica hoy algún tiempo a estudiar Hebreos 11, el gran capítulo de la fe. Léelo de corrido y en voz audible. Vuelve a leerlo y escribe lo que piensas en respuesta a las siguientes preguntas:
¿Quiénes entraron a la tierra prometida? –todos, excepto los murmuradores. ¿Suponen que pueden alimentar el mismo espíritu de murmuración y de queja, y a pesar de esto recibir el sello? –¡qué pensamiento tan absurdo! Qué injusto hubiera sido para un Dios justo destruir a los desobedientes de aquel tiempo, y sin embargo salvar a los desobedientes de este tiempo.
¿Qué fue lo que hizo a un grupo elegible para cruzar el Jordán? Fue que ellos confiaron en Dios sabiendo que Él era su Líder principal. Ellos reconocían a Moisés y a Josué como aquellos por medio de quienes Dios se comunicaba con ellos. No los consideraban ser otra cosa que lo que realmente eran. Estaban contentos con su suerte. Recibieron órdenes como les fueron dadas. Por eso fueron los que entraron en la tierra.
Teniendo estos ejemplos ante nosotros, este cuadro por el cual guiarse, puedo decir con certeza si estoy dirigiéndome al Reino o si estoy yendo a las entrañas de la tierra (Apoc. 12:16). Y estoy seguro de que ustedes también pueden decir en qué dirección están dirigiéndose. El Señor no requiere de nosotros más o menos que lo que Él requirió de nuestros tipos. Por lo tanto, no hay ningún misterio en cuanto a lo que debemos y no debemos hacer para recibir el sello de Dios.
No necesitamos ir a la tierra de las maravillas, ni abrigar la idea de que debemos experimentar un sentimiento misterioso o alguna emoción excitante, no necesitamos bañarnos en el polvo o brincar hasta el techo. No, no necesitamos hacer de nosotros mismos unos necios. Todo lo que necesitamos hacer es ser nosotros mismos. Seamos tranquilos, decentes, respetables, como seres celestiales esforzándonos por cumplir la voluntad de Dios en la tierra como se hace en el cielo. No necesitamos hacer ostentación de nosotros mismos, pero si necesitamos ocuparnos en los negocios que Dios nos dio y guardarnos de entrometernos en los asuntos de los otros.
Sólo cuando hemos hecho todo para cumplir con los requisitos del mensaje para hoy, no de ayer, seremos sellados para estar con el Cordero en el Monte de Sion.
¿No debemos sentirnos felices de que mientras estamos siendo invitados al Reino, también se nos está diciendo como llegar allá? En vista de todas estas cosas, no debemos permitir nunca que nuestra confianza en Dios se desvanezca. Debemos ser estables, firmes en todo, sin faltarnos nada. Los siervos de Dios de la hora undécima, dice la Inspiración, han de ser “un pueblo grande y fuerte: semejante a él no lo hubo jamás, ni después de él lo habrá” (Joel 2:2). Saben lo que creen y creen lo que saben. Y lo más importante de todo, saben que son guiados por Dios y no por el hombre.
No son como los fariseos quienes construían monumentos en memoria de los profetas muertos (Mat. 23:29-31) y a la misma vez ¡mataban a los profetas vivos! Con esta luz iluminando nuestro sendero, Hebreos, capítulo 3, 4, 10 y 11 se explican a sí mismos.
Lee Apocalipsis 14: 12. ¿Qué significa «la fe de Jesús»?
“Si tenemos el espíritu y el poder del mensaje del tercer ángel, debemos presentar juntos la ley y el Evangelio, porque van juntos. Así como un poder terreno está incitando a los hijos a la desobediencia a anular la ley de Dios, y a pisotear la verdad de que Cristo es nuestra justicia, un poder de lo alto está obrando en los corazones de los que son leales, para que ensalcen la ley, y a Jesús como Salvador completo. A menos que el poder divino penetre en la experiencia del pueblo de Dios, las teorías e ideas erróneas aherrojarán las mentes; Cristo y su justicia se perderán de la experiencia de muchos, y su fe quedará sin poder ni vida.” OE 169.3
Lee Mateo 26: 36 al 42. ¿Qué nos dice acerca de la fe de Jesús en este momento crucial?
“Mirémosle contemplando el precio que ha de pagar por el alma humana. En su agonía, se aferra al suelo frío, como para evitar ser alejado más de Dios. El frío rocío de la noche cae sobre su cuerpo postrado, pero él no le presta atención. De sus labios pálidos, brota el amargo clamor: “Padre mío, si es posible, pase de mí este vaso.” Pero aun entonces añade: “Empero no como yo quiero, sino como tú.”” DTG 638.3
“Tres veces repitió esta oración. Tres veces rehuyó su humanidad el último y culminante sacrificio, pero ahora surge delante del Redentor del mundo la historia de la familia humana. Ve que los transgresores de la ley, abandonados a sí mismos, tendrían que perecer. Ve la impotencia del hombre. Ve el poder del pecado. Los ayes y lamentos de un mundo condenado surgen delante de él. Contempla la suerte que le tocaría, y su decisión queda hecha. Salvará al hombre, sea cual fuere el costo. Acepta su bautismo de sangre, a fin de que por él los millones que perecen puedan obtener vida eterna. Dejó los atrios celestiales, donde todo es pureza, felicidad y gloria, para salvar a la oveja perdida, al mundo que cayó por la transgresión. Y no se apartará de su misión. Hará propiciación por una raza que quiso pecar. Su oración expresa ahora solamente sumisión: “Si no puede este vaso pasar de mí sin que yo lo beba, hágase tu voluntad.”” DTG 642.1
“Dios requiere que confesemos nuestros pecados y humillemos nuestro corazón ante El. Pero al mismo tiempo debiéramos tenerle confianza como a un Padre tierno que no abandonará a los que ponen su confianza en El. Muchos de nosotros caminamos por vista y no por fe. Creemos en las cosas que se ven, pero no apreciamos las preciosas promesas que se nos dan en la Palabra de Dios. Sin embargo, no podemos deshonrar a Dios más decididamente que mostrando que desconfiamos de lo que El dice, y poniendo en duda si el Señor nos habla de verdad o nos está engañando.” FO 34.1
“Dios no nos abandona por causa de nuestros pecados. Quizás hayamos cometido errores y contristado a su Espíritu, pero cuando nos arrepentimos y acudimos a El con corazón contrito, no nos desdeña. Hay estorbos que deben ser removidos. Se han fomentado sentimientos equivocados y ha habido orgullo, suficiencia propia, impaciencia y murmuraciones. Todo esto nos separa de Dios. Deben confesarse los pecados; debe haber una obra más profunda de la gracia en el corazón. Los que se sienten débiles y desanimados deben llegar a ser hombres fuertes en Dios y deben hacer una noble obra para el Maestro. Pero deben proceder con altura; no deben ser influidos por motivos egoístas.” FO 34.2