“En esta segunda epístola a la iglesia, el apóstol expresó su alegría por la buena obra que se había realizado en ellos: «Aunque os entristecí con una carta, no me arrepiento, aunque sí me arrepentí» —cuando le atormentaba el temor de que sus palabras fueran despreciadas, y lamentaba en parte haber escrito de forma tan decidida y severa. Continúa diciendo: «Ahora me regocijo, no porque os entristecierais, sino porque vuestra tristeza os llevó al arrepentimiento; pues os entristecisteis de manera piadosa, para que no sufrierais ningún perjuicio por nuestra parte. Porque la tristeza piadosa produce un arrepentimiento que lleva a la salvación, del que no hay que arrepentirse». Ese arrepentimiento que se produce por la influencia de la gracia divina en el corazón conducirá a la confesión y al abandono del pecado. Tales fueron los frutos que, según declara el apóstol, se habían manifestado en la iglesia de Corinto: «¡Qué diligencia os inspiró, sí, qué purificación, sí, qué indignación, sí, qué temor, sí, qué deseo ardiente, sí, qué celo!».” LP 176.2
“Aun así, había una pequeña minoría de corintios que se resistía obstinadamente a todos los esfuerzos del apóstol por purificar la iglesia; pero su conducta era tal que nadie podía dejarse engañar por ellos. Mostraban un espíritu sumamente rencoroso y denunciaban abiertamente a Pablo, acusándole de tener motivos mercenarios y de actuar con astucia al predicar el Evangelio y al tratar con las iglesias. Le acusaban de obtener beneficios personales de los fondos aportados por los hermanos para diversos fines benéficos. Por otra parte, algunos cuestionaban su condición de apóstol, porque no exigía apoyo a las iglesias que él mismo había fundado. Así pues, las acusaciones de sus oponentes eran contradictorias y carecían por completo de fundamento.” LP 177.1
“En nuestros días nos encontramos precisamente con este tipo de personas irracionales, hombres que se oponen al progreso de la obra de Dios, al tiempo que profesan creer en la verdad. Se niegan a estar en armonía con el cuerpo de la Iglesia, y se dedican a analizar minuciosamente el carácter de sus hermanos, a suscitar oscuras sospechas y a difundir insinuaciones encubiertas. Muchas personas honestas se dejan engañar por estos calumniadores, cuyos propósitos no se disciernen tan fácilmente como se haría si el difamador recurriera a mentiras descaradas.” LP 177.2