“En su ansia de que los creyentes de Tesalónica anduvieran en el temor de Dios, el apóstol les suplicó que manifestaran piedad práctica en la vida diaria. “Resta pues, hermanos—escribió,—que os roguemos y exhortemos en el Señor Jesús, que de la manera que fuisteis enseñados de nosotros de cómo os conviene andar, y agradar a Dios, así vayáis creciendo. Porque ya sabéis qué mandamientos os dimos por el Señor Jesús. Porque la voluntad de Dios es vuestra santificación: que os apartéis de fornicación.” “Porque no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación.”” HAp 212.3
“El apóstol Pablo sentía que era responsable en gran medida del bienestar espiritual de aquellos que se convertían por sus labores. Deseaba que crecieran en el conocimiento del único Dios verdadero y de Jesucristo, a quien había enviado. A menudo en su ministerio se encontraba con pequeños grupos de hombres y mujeres que amaban a Jesús, y se postraba en oración con ellos para pedir a Dios que les enseñara cómo mantener una relación vital con él. A menudo se reunía en consejo con ellos para estudiar los mejores métodos de dar a otros la luz de la verdad evangélica. Y a menudo, cuando estaba separado de aquellos con quienes había trabajado así, suplicaba a Dios que los guardara del mal, y les ayudara a ser misioneros fervientes y activos.” HAp 212.4
“El corazón no santificado es desesperadamente perverso. La indulgencia en el pecado oscurece la visión espiritual y embota y aturde las facultades perceptivas del alma. La culpa, la corrupción y la vergüenza que son consecuencia del libertinaje mancillan al hombre en su totalidad y deshonran la preciosa causa de la verdad. La infelicidad y la degradación que le siguen están estrechamente relacionadas con la muerte y el infierno, y su alcance es incalculable. El mundo está mancillado por sus habitantes. Es la transgresión de las leyes de Dios lo que empaña la imagen de Dios en el hombre. Corrompe toda nuestra naturaleza. Trastorna y degrada todas las facultades y capacidades de nuestro ser. El mundo casi ha colmado la medida de su iniquidad, pero lo que acarreará el castigo más severo es la práctica de la iniquidad bajo el manto de la piedad.” 3LtMs, Ms 9, 1880, par. 36
“El Redentor del mundo nunca rechazó el verdadero arrepentimiento, por grande que fuera la culpa, pero lanzó ardientes denuncias contra los fariseos y los hipócritas, cuyo fruto eran espinas y cardos. Hay más esperanza para el pecador declarado que para esta clase de personas. La plaga de la maldición de Dios recae sobre el farsante, tal y como se representaba en la higuera estéril. El Salvador del hombre ve el templo del alma —por el que ha pagado el precio de su propia sangre— degradado, profanado y mancillado con obras de tinieblas y pecado, sus cámaras divinas convertidas en un refugio de ladrones, una guarida de malhechores. El alma por la que se ha llorado, a la que se ha suplicado y a la que se ha soportado queda condenada y arruinada, un monumento de ira vengativa.” 3LtMs, Ms 9, 1880, par. 37
“«Que cada uno de vosotros sepa cómo dominar su cuerpo con santidad y honor, y no con la lujuria de la concupiscencia, como hacen los gentiles que no conocen a Dios». 1 Tesalonicenses 4:4. «Y entonces se manifestará el Inicuo, a quien el Señor aniquilará con el aliento de su boca y destruirá con el resplandor de su venida; a aquel cuya venida es según la obra de Satanás, con todo poder, señales y prodigios mentirosos, y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. Y por esta causa Dios les enviará un engaño poderoso, para que crean la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia.» 1 Tesalonicenses 2:8-12.” 3LtMs, Ms 9, 1880, par. 38