“El solemne cometido que se dió a Pablo en ocasión de su entrevista con Ananías pesaba de modo creciente sobre su corazón. Cuando, en respuesta a las palabras: “Hermano Saulo, recibe la vista,” Pablo había mirado por primera vez el rostro de este hombre devoto, Ananías, bajo la inspiración del Espíritu Santo, le dijo: “El Dios de nuestros padres te ha predestinado para que conocieses su voluntad, y vieses a aquel Justo, y oyeses la voz de su boca. Porque has de ser testigo suyo a todos los hombres, de lo que has visto y oído. Ahora pues, ¿por qué te detienes? Levántate, y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre.” Hechos 22:14-16.” HAp 103.4
“Estas palabras estaban en armonía con las de Jesús mismo, quien, cuando detuvo a Saulo en el camino a Damasco, declaró: “Para esto te he aparecido, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que apareceré a ti: librándote del pueblo y de los Gentiles, a los cuales ahora te envío, para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, remisión de pecados y suerte entre los santificados.” Hechos 26:16-18.” HAp 103.5
“Mientras consideraba estas cosas en su corazón, Pablo entendía más y más claramente el significado de su llamamiento “a ser apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios.” 1 Corintios 1:1. Su llamamiento había provenido, “no de los hombres, ni por hombre, mas por Jesucristo y por Dios el Padre.” Gálatas 1:1. La magnitud de la obra que le aguardaba le indujo a estudiar mucho las Sagradas Escrituras, a fin de poder predicar el Evangelio “no en sabiduría de palabras, porque no sea hecha vana la cruz de Cristo,” “mas con demostración del Espíritu y de poder,” para que la fe de todos los que lo oyeran “no esté fundada en sabiduría de hombres, mas en poder de Dios.” 1 Corintios 1:17; 2:4, 5.” HAp 104.1