Parábolas

Lección 4, Tercer Trimestre, del 20 al 26 de Julio del 2024.

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Sábado por la tarde, 20 de Julio

Texto para memorizar:

“Les dijo también: "Considerad lo que oís: Con la medida con que medís, será medido para vosotros y os será añadido. Porque al que tiene le será dado, y al que no tiene aun lo que tiene le será quitado." RVa — Marcos 4:24 – 25.


La Escritura dice: "Todo esto habló Jesús por parábolas; ... para que se cumpliese lo que fue dicho por el profeta, que dijo: Abriré en parábolas mi boca; rebosaré cosas escondidas desde la fundación del mundo".1 Las cosas naturales eran el vehículo de las espirituales; las cosas de la naturaleza y la experiencia de la vida de sus oyentes eran relacionadas con las verdades de la Palabra escrita. Guiando así del reino natural al espiritual, las parábolas de Cristo son eslabones en la cadena de la verdad que une al hombre con Dios, la tierra con el cielo. PVGM 8.2

En la primera parte de su ministerio, Cristo había hablado a la gente en palabras tan claras, que todos sus oyentes podían haber entendido las verdades que los hubieran hecho sabios para la salvación. Pero en muchos corazones la verdad no había echado raíces y había sido prestamente arrancada. "Por eso les hablo en parábolas—dijo él—, porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden... Porque el corazón de este pueblo está engrosado, y de los oídos oyen pesadamente, y de sus ojos guiñan". PVGM 10.4

Domingo, 21 de Julio

La Parábola del Sembrador


Lee Marcos 4:1-9. ¿Cómo son los distintos suelos y qué le ocurre a la semilla que cae en ellos?

Por medio de la parábola del sembrador, Cristo ilustra las cosas del reino de los cielos, y la obra que el gran Labrador hace por su pueblo. A semejanza de uno que siembra en el campo, él vino a esparcir los granos celestiales de la verdad. Y su misma enseñanza en parábolas era la simiente con la cual fueron sembradas las más preciosas verdades de su gracia. A causa de su simplicidad, la parábola del sembrador no ha sido valorada como debiera haber sido. De la semilla natural echada en el terreno, Cristo desea guiar nuestras mentes a la semilla del Evangelio, cuya siembra produce el retorno de los hombres a su lealtad a Dios. Aquel que dio la parábola de la semillita es el Soberano del cielo, y las mismas leyes que gobiernan la siembra de la semilla terrenal, rigen la siembra de la simiente de verdad. PVGM 16.1

La palabra de Dios es la simiente. Cada semilla tiene en sí un poder germinador. En ella está encerrada la vida de la planta. Así hay vida en la palabra de Dios. Cristo dice: "Las palabras que yo os he hablado, son espíritu, y son vida". "El que oye mi palabra, y cree al que me ha enviado, tiene vida eterna".9 En cada mandamiento y en cada promesa de la Palabra de Dios se halla el poder, la vida misma de Dios, por medio de los cuales pueden cumplirse el mandamiento y la promesa. Aquel que por la fe recibe la palabra, está recibiendo la misma vida y carácter de Dios.

Cada semilla lleva fruto según su especie. Sembrad la semilla en las debidas condiciones, y desarrollará su propia vida en la planta. Recibid en el alma por la fe la incorruptible simiente de la Palabra, y producirá un carácter y una vida a la semejanza del carácter y la vida de Dios. PVGM 20.1 - PVGM 20.2

Aquello a lo cual se refiere principalmente la parábola del sembrador es el efecto producido en el crecimiento de la semilla por el suelo en el cual se echa. Mediante esta parábola Cristo decía prácticamente a sus oyentes: No es seguro para vosotros deteneros y criticar mis obras o albergar desengaño, porque ellas no satisfacen vuestras ideas. El asunto de mayor importancia para vosotros es: ¿cómo trataréis mi mensaje? De vuestra aceptación o rechazamiento de él, depende vuestro destino eterno. PVGM 25.1

A través de la parábola del sembrador, Cristo presenta el hecho de que los diferentes resultados dependen del terreno. En todos los casos, el sembrador y la semilla son los mismos. Así él enseña que si la palabra de Dios deja de cumplir su obra en nuestro corazón y en nuestra vida, la razón estriba en nosotros mismos. Pero el resultado no se halla fuera de nuestro dominio. En verdad, nosotros no podemos cambiarnos a nosotros mismos; pero tenemos la facultad de elegir y de determinar qué llegaremos a ser. Los oyentes representados por la vera del camino, el terreno pedregoso y el de espinas, no necesitan permanecer en esa condición. El Espíritu de Dios está siempre tratando de romper el hechizo de la infatuación que mantiene a los hombres absortos en las cosas mundanas, y de despertar el deseo de poseer el tesoro imperecedero. Es resistiendo a! Espíritu como los hombres llegan a desatender y descuidar la palabra de Dios. Ellos mismos son responsables de la dureza de corazón que impide que la buena simiente eche raíces, y de los malos crecimientos que detienen su desarrollo. PVGM 36.2

Lunes, 22 de Julio

La Interpretación de Jesús


Lee Marcos 4:13-20. ¿Cómo interpretó Jesús la parábola del Sembrador?

Explicando lo referente a la semilla que cayó a la vera del camino, dijo: "Oyendo cualquiera la palabra del reino, y no entendiéndola, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón: éste es el que fue sembrado junto al camino".

La semilla sembrada a la vera del camino representa la palabra de Dios cuando cae en el corazón de un oyente desatento. Semejante al camino muy trillado, pisoteado por los pies de los hombres y las bestias, es el corazón que llega a transformarse en un camino para el tránsito del mundo, sus placeres y pecados. Absorta en propósitos egoístas y pecaminosas complacencias, el alma está endurecida "con engaño de pecado".17 Las facultades espirituales se paralizan. Los hombres oyen la palabra, pero no la entienden. No disciernen que se aplica a ellos mismos. No se dan cuenta de sus necesidades y peligros. No perciben el amor de Cristo, y pasan por alto el mensaje de su gracia como si fuera algo que no les concerniese. PVGM 25.2 - PVGM 25.3

La semilla sembrada en lugares pedregosos encuentra poca profundidad de tierra. La planta brota rápidamente, pero la raíz no puede penetrar en la roca para encontrar el alimento que sostenga su crecimiento, y pronto muere. Muchos que profesan ser religiosos son oidores pedregosos. Así como la roca yace bajo la capa de tierra, el egoísmo del corazón natural yace debajo del terreno de sus buenos deseos y aspiraciones. No subyugan el amor propio. No han visto la excesiva pecaminosidad del pecado, y su corazón no se ha humillado por el sentimiento de su culpa. Esta clase puede ser fácilmente convencida, y parecen ser conversos inteligentes, pero tienen sólo una religión superficial.

No se retractan porque hayan recibido la palabra inmediatamente ni porque se regocijen en ella. Tan pronto como San Mateo oyó el llamamiento del Salvador, se levantó de inmediato, dejó todo y lo siguió. Tan pronto como la palabra divina viene a nuestros corazones, Dios desea que la recibamos, y es lo correcto aceptarla con gozo. Hay "gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente".18 Y hay gozo en el alma que cree en Cristo. Pero aquellos de los cuales la parábola dice que reciben la palabra inmediatamente, no calculan el costo. No consideran lo que la palabra de Dios requiere de ellos. No examinan todos sus hábitos de vida a la luz de la palabra, ni se entregan por completo a su dominio. PVGM 27.3 - PVGM 27.4

La semilla del Evangelio a menudo cae entre las espinas y las malas hierbas; y si no hay una transformación moral en el corazón humano, si los viejos hábitos y prácticas y la vida pecaminosa anterior no se dejan atrás, si los atributos de Satanás no son extirpados del alma, la cosecha de trigo se ahoga. Las espinas llegarán a ser la cosecha, y exterminarán el trigo.

La gracia puede prosperar únicamente en el corazón que constantemente está preparándose para recibir las preciosas semillas de verdad. Las espinas del pecado crecen en cualquier terreno; no necesitan cultivo; pero la gracia debe ser cuidadosamente cultivada. Las espinas y las zarzas siempre están listas para surgir, y de continuo debe avanzar la obra de purificación. Si el corazón no está bajo el dominio de Dios, si el Espíritu Santo no obra incesantemente para refinar y ennoblecer el carácter, los viejos hábitos se revelarán en la vida. Los hombres pueden profesar creer el Evangelio; pero a menos que sean santificados por el Evangelio, su profesión no tiene valor. Si no ganan la victoria sobre el pecado, el pecado la obtendrá sobre ellos. Las espinas que han sido cortadas pero no desarraigadas crecen con presteza, hasta que el alma queda ahogada por ellas. PVGM 30.5 - PVGM 31.1

No siempre ha de chasquearse el sembrador. El Salvador dice de la semilla que cayó en buen terreno: "Este es el que oye y entiende la palabra, y el que lleva fruto: y lleva uno a ciento, y otro a sesenta, y otro a treinta". "La que cayó en buena tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y llevan fruto en paciencia".

El "corazón bueno y recto" mencionado en la parábola, no es un corazón sin pecado; pues se predica el Evangelio a los perdidos. Cristo dijo: "No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores".29 Tiene corazón recto el que se rinde a la convicción del Espíritu Santo. Confiesa su pecado, y siente su necesidad de la misericordia y el amor de Dios. Tiene el deseo sincero de conocer la verdad para obedecerla. El "corazón bueno" es el que cree y tiene fe en la palabra de Dios. Sin fe es imposible recibir la palabra. "El que a Dios se allega, crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan". PVGM 38.1 - PVGM 38.2

El oyente que se asemeja al buen terreno, recibe la palabra, "no como palabra de hombres, sino según lo es verdaderamente, la palabra de Dios".31 Sólo es un verdadero estudiante el que recibe las Escrituras como la voz de Dios que le habla. Tiembla ante la Palabra; porque para él es una viviente realidad. Abre su entendimiento y corazón para recibirla. Oyentes tales eran Cornelio y sus amigos, que dijeron al apóstol Pedro: "Ahora pues, todos nosotros estamos aquí en la presencia de Dios, para oír todo lo que Dios te ha mandado". PVGM 39.2

Mártes, 23 de Julio

La Razón de ser de las Parábolas


Lee Marcos 4:10-12. ¿Por qué enseñó Jesús en parábolas?

Jesús quiso incitar el espíritu de investigación. Trató de despertar a los descuidados, e imprimir la verdad en el corazón. La enseñanza en parábolas era popular, y suscitaba el respeto y la atención, no solamente de los judíos, sino de la gente de otras nacionalidades. No podía él haber empleado un método de instrucción más eficaz. Si sus oyentes hubieran anhelado un conocimiento de las cosas divinas habrían podido entender sus palabras; porque él siempre estaba dispuesto a explicarlas a los investigadores sinceros.

Otra vez Cristo tenía verdades para presentar, que la gente no estaba preparada para aceptar, ni aun para entender. Por esta razón también él les enseñó en parábolas. Relacionando sus enseñanzas con las escenas de la vida, la experiencia o la naturaleza, cautivaba su atención e impresionaba sus corazones. Más tarde, cuando ellos miraban los objetos que ilustraban sus lecciones, recordaban las palabras del divino Maestro. Para las mentes abiertas al Espíritu Santo, el significado de la enseñanza del Salvador se desarrollaba más y más. Los misterios se aclaraban, y aquello que había sido difícil de entender se tornaba evidente. PVGM 11.1 - PVGM 11.2

Además tenía él otra razón para enseñar en parábolas. Entre las multitudes que se reunían a su alrededor había sacerdotes y rabinos, escribas y ancianos, herodianos y príncipes, hombres amantes del mundo, fanáticos, ambiciosos, que deseaban, sobre todas las cosas, encontrar alguna acusación contra él. Sus espías seguían sus pasos día tras día, para hallar alguna palabra de sus labios que pudiera causar su condena y acallar para siempre a Aquel que parecía arrastrar el mundo tras sí. El Salvador entendía el carácter de esos hombres, y presentaba la verdad de tal manera que ellos no pudieran hallar nada en virtud de lo cual presentar su caso ante el Sanedrín. En parábolas reprochaba la hipocresía y las obras malvadas de aquellos que ocupaban altas posiciones, y revestía de lenguaje figurado verdades tan cortantes que, si se las hubiera presentado en forma de denuncia directa, ellos no habrían escuchado sus palabras y bien pronto hubieran puesto fin a su ministerio. Pero mientras eludía a los espías, hacía la verdad tan clara que el error era puesto de manifiesto, y los hombres de corazón sincero aprovechaban sus lecciones. La sabiduría divina, la gracia infinita, eran aclaradas por los objetos de la creación de Dios. Por medio de la naturaleza y los incidentes de la vida, los hombres eran enseñados acerca de Dios. "Las cosas invisibles de él, su eterna potencia y divinidad, se echan de ver desde la creación del mundo, siendo entendidas por las cosas que son hechas". PVGM 12.1

Lee Isaías 6:1-13. ¿Qué le sucede aquí a Isaías, y cuál es el mensaje que se le da para que lleve a Israel?

La humillación de Isaías era sincera. Al serle presentado claramente el contraste entre la humanidad y el carácter divino, se sentía completamente ineficiente e indigno. ¿Cómo podría declarar al pueblo los santos requisitos de Jehová?

"Y voló hacia mí uno de los serafines,—escribe,—teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas: y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado."

Entonces Isaías oyó la voz del Señor, que decía: "¿A quién enviaré, y quién nos irá?" y fortalecido por el recuerdo del toque divino, contestó: "Heme aquí, envíame a mí."

Al mirar los ministros de Dios por la fe dentro del lugar santísimo, y ver la obra de nuestro Sumo Pontífice en el santuario celestial, se dan cuenta de que son hombres de labios inmundos, hombres cuyas lenguas a menudo han hablado vanidades. Bien pueden desesperar al poner en contraste su indignidad con la perfección de Cristo. Con corazón contrito, sintiéndose enteramente indignos e ineptos para su grande obra, claman: "Soy muerto." Pero si, como Isaías, humillan su corazón delante de Dios, la obra hecha para el profeta será hecha también para ellos. Sus labios serán tocados por un carbón encendido del altar, y ellos perderán de vista su yo al sentir la grandeza y el poder de Dios y su disposición a ayudarlos. Comprenderán el carácter sagrado de la obra a ellos confiada, y se verán inducidos a aborrecer cuanto les haría deshonrar a Aquel que los envió a proclamar su mensaje. OE 22.2 - OE 22.5

Miércoles, 24 de Julio

La Lámpara y la Cesta


Lee Marcos 4:21-23. ¿Cuál es el énfasis especial de Jesús en la parábola de la lámpara?

"Jesús utilizó la luz de una vela para representar sus doctrinas, que iluminan las almas de quienes las aceptan. Esta luz no debe ocultarse al mundo, sino que debe brillar para iluminar y bendecir a quienes la contemplan. La instrucción recibida por los que escuchaban a Jesús debía ser comunicada por ellos a los demás, y así transmitida a la posteridad. También declaró que no había nada oculto que no debiera manifestarse. Lo que había en el corazón se revelaría tarde o temprano por las acciones; y éstas determinarían si la semilla sembrada había echado raíces en sus mentes y había dado buen fruto, o si las espinas y las zarzas habían ganado la partida. Les exhortó a que le oyeran y le comprendieran. Mejorar los benditos privilegios que entonces se les extendían, resultaría en su propia salvación y a través de ellos beneficiaría a otros. 2SP 243.1

Lee Marcos 4:24, 25. ¿Qué lección transmite Jesús con la parábola de la cesta de medir?

"Y con qué medida de sincera atención escucharan sus instrucciones, recibirían a cambio igual medida de conocimiento. Todos los que verdaderamente desearan comprender sus doctrinas quedarían plenamente satisfechos; sus privilegios otorgados por el Cielo aumentarían; su luz brillaría hasta el día perfecto. Pero los que no desearan la luz de la verdad andarían a tientas en las tinieblas y serían vencidos por las poderosas tentaciones de Satanás. Perderían su dignidad y dominio propio, y el poco conocimiento del cual se habían jactado cuando declararon que no tenían necesidad de Cristo, y desdeñaron la guía de Aquel que dejó un trono en el Cielo para salvarlos." 2SP 243.2

"La medida de la seriedad con que escuchéis mi palabra, para que podáis ayudar a otros, será la medida en que se os dé el conocimiento de esta palabra. Al que escucha con atención le será dado; porque Dios ve que usará su conocimiento correctamente. Al que no haya mejorado sus oportunidades, al que no haya practicado la verdad, para que otros participen de la bendición de su conocimiento, le será quitado aun lo que tiene. Su oportunidad de ser todo lo que Dios diseñó que fuera, recibiendo e impartiendo la luz del cielo, le será arrebatada." PUR 22 de Diciembre de 1904, par. 7

Jueves, 25 de Julio

La Parábola del Crecimiento de la Semilla


Lee Marcos 4:26-29. Cuál es el tema principal de esta parábola?

El mundo material se halla bajo el dominio de Dios. Las leyes de la naturaleza son obedecidas por la naturaleza. Todo expresa y obra la voluntad del Creador. La nube y la luz del sol, el rocío y la lluvia, el viento y la tormenta, todo se halla bajo la vigilancia divina, y rinde implícita obediencia a su mandato. Es en obediencia a la ley de Dios como el tallo del grano sube a través de la tierra, "primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga".5 El Señor desarrolla estas etapas a su debido tiempo porque no se oponen a su obra. ¿Y será posible que el hombre, hecho a la imagen de Dios, dotado del raciocinio y del habla, sea el único que no aprecie sus dones y desobedezca su voluntad? ¿Serán los seres racionales los únicos que causen confusión en nuestro mundo?

En todas las cosas que tienden al sostén del hombre, se nota la concurrencia del esfuerzo divino y del humano. No puede haber cosecha a menos que la mano humana haga su parte en la siembra de la semilla. Pero sin los agentes que Dios provee al dar el sol y la lluvia, el rocío y las nubes, no habría crecimiento. Tal ocurre en la prosecución de todo negocio, en todo ramo de estudio y en toda ciencia. Y así ocurre también en las cosas espirituales, en la formación del carácter, y en todo ramo de la obra cristiana. Tenemos una parte que cumplir, pero debemos tener el poder de la Divinidad para unirlo con el nuestro, o nuestros esfuerzos serán vanos. PVGM 59.2 - PVGM 60.1

Lee Marcos 4:30-32. ¿Cuál es el punto importante de la parábola del grano de mostaza?

El germen que se halla en la semilla crece en virtud del desarrollo del principio de vida que Dios ha implantado en él. Su desarrollo no depende del poder humano. Tal ocurre con el reino de Cristo. Es una nueva creación. Sus principios de desarrollo son opuestos a los que rigen los reinos de este mundo. Los gobiernos terrenales prevalecen por la fuerza física; mantienen su dominio por la guerra; pero el Fundador del nuevo reino es el Príncipe de Paz. El Espíritu Santo representa a los reinos del mundo bajo el símbolo de bestias fieras de rapiña; pero Cristo es el "Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo".1 En su plan de gobierno no hay empleo de fuerza bruta para forzar la conciencia. Los judíos esperaban que el reino de Dios se estableciese en la misma forma que los reinos del mundo. Para promover la justicia ellos recurrieron a las medidas externas. Trazaron métodos y planes. Pero Cristo implanta un principio. Inculcando la verdad y la justicia, contrarresta el error y el pecado.

Mientras Jesús presentaba esta parábola, podían verse plantas de mostaza lejos y cerca, elevándose por sobre la hierba y los cereales, meciendo suavemente sus ramas en el aire. Los pájaros revoloteaban de rama en rama, y cantaban en medio de su frondoso follaje. Sin embargo la semilla que dio origen a estas plantas gigantes era una de las más pequeñas. Al principio proyectó un tierno brote; pero era de una potente vitalidad, y creció y floreció hasta que alcanzó el gran tamaño que entonces tenía. Así el reino de Cristo al principio parecía humilde e insignificante. Comparado con los reinos de la tierra parecía el menor de todos. La aseveración de Cristo de que era rey fue ridiculizada por los gobernantes de este mundo. Sin embargo, en las grandes verdades encomendadas a los seguidores de Cristo, el reino del Evangelio poseía una vida divina. ¡Y cuán rápido fue su crecimiento, cuán amplia su influencia! Cuando Cristo pronunció esta parábola, había solamente unos pocos campesinos galileos que representaban el nuevo reino. Su pobreza, lo escaso de su número, era presentado repetidas veces como razón por la cual los hombres no debían unirse con estos sencillos pescadores que seguían a Jesús. Pero la semilla de mostaza había de crecer y extender sus ramas a través del mundo. Cuando pereciesen los gobiernos terrenales, cuya gloria llenaba entonces los corazones humanos, el reino de Cristo seguiría siendo una fuerza poderosa y de vasto alcance. PVGM 54.3 - PVGM 55.1

Viernes, 26 de Julio

Estudio Adicional

“Les presentó otra parábola diciendo: "El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza que un hombre tomó y sembró en su campo. Esta es la más pequeña de todas las semillas; pero cuando crece, es la más grande de las hortalizas y se convierte en árbol, de modo que vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas." RVa — Mateo 13:31-32.

Siendo la semilla de mostaza la más pequeña de todas las semillas, esta parábola muestra que lo que va a dar comienzo al Reino será muy insignificante, contrariamente a todas las expectativas humanas. Sin embargo, al igual que la planta de mostaza se convierte en la mayor de todas las hierbas, así el Reino crecerá y se convertirá en el mayor de todos los reinos. Siendo esto contrario a toda planificación humana, no es sino natural que aquellos que son como Nicodemo, y continúan avergonzándose de ser identificados con algo que es impopular, odiado e insignificante, como resultado serán dejados fuera del Reino.

El verdadero cristianismo es un crecimiento. Es como una planta. Cristo mismo es representado como una rama (Isaías 11:1), y Su reino como una semilla de mostaza (Mateo 13:31, 32) que después de ser plantada se convierte en un árbol, el más grande de su clase. Pero como el árbol literal debe alimentarse necesariamente del alimento físico, del mismo modo el árbol espiritual debe alimentarse necesariamente del alimento espiritual, del que se alimentó la Rama misma.